Clavasquín: La celebración del título opacaba la llegada del Huracán Mitch

Por Dennis Alexander Álvarez
EL HERALDO

Los días pasan, los momentos se vuelven polvo, cada instante se convierte en único; el reloj sigue su marcha, pero hay recuerdos que no se mueven, que quedan guardados en nuestra memoria, recuerdos que perduran para siempre. Y el gol de Reinaldo Clavasquín en la final del 98 a Olimpia, está tan ligados a los recuerdos de la llegada del Huracán Mitch. 

Desde el «Motagua is the Champions», hasta el «ClavasMitch», EL HERALDO habla un poco con el exjugador azul, quien revive el partido y la llegada del fenómeno a tierras hondureñas en aquel octubre del 98.

Reinaldo Clavasquín acomodó el balón, se perfiló para pegarle, unos 35 metros separaban al balón del arco defendido por Donaldo González, el arquero coloca cinco hombres en la barrera, el árbitro autoriza, Clavasquín golpea fuerte, el balón encuentra una rendija entre la barrera, se cuela entre el palo y el portero; el árbitro pita el final, el Estadio Nacional explota; Motagua campeón.

Seguramente hay un recuerdo en la memoria de la afición motagüense que nunca olvidarán. Era un 25 de octubre de 1998, los dos mejores equipos del torneo se enfrentaban en la final. 34 mil gargantas se juntaban en el Estadio Nacional; Olimpia vs Motagua, la final soñada.

Sería la primera final entre los dos clubes de la capital hondureña, en la historia de la Liga Nacional. Las expectativas eran enormes, el Estadio Tiburcio Carias Andino era un manicomio, no cabía un alfiler, la afición olimpista era mayoría, pero los azules nunca se achicaron.

Reinaldo Clavasquín, el héroe de aquella tarde-noche relata cómo se vivió la previa de aquella final y cómo recuerda ese día histórico para Motagua y para Honduras.

«Ese día se recuerda como si fuera ayer. Todo el país estaba pendiente de ese partido de gran final. Nosotros que formamos ese gran grupo, queríamos escribir una gran historia. Enfrente teníamos una gran responsabilidad, enfrentar a Olimpia que era futbolísticamente mejor que nosotros, con jugadores de una enorme experiencia, mientras que nosotros éramos una juventud con una gran ilusión».

El partido fue de los más bravos que se ha podido presenciar entre Olimpia y Motagua. La ida se había empatado 0-0, por lo que todo se definía ese 25 de octubre de 1998.

La primera mitad fue muy cerrada, con pocas oportunidades de gol para Motagua, mientras que las que tuvo Olimpia, Diego Vázquez pudo contenerlas bien.

En el segundo tiempo, el árbitro Óscar Bardales pitó un penal a favor de Motagua, Bardales no dudó y expulsó a Silvio Traverso, portero de Olimpia, Chelato Uclés, quien era técnico de los Leones, metió a Donaldo González para que tapara el penal, y así fue, el panameñoadivinó el disparo de Amado Guevara; el partido continuó 0 a 0.

«Recuerdo muy bien cómo fue la jugada, fue un pase largo hacia Francisco Ramírez, el guardameta cometió la falta y el árbitro lo expulsó, yo fui en busca del balón porque era el primer penalero del equipo, en ese momento Amado me pide el balón, ya que él era el segundo penalero, al final se lo concedí, le tenía confianza, fui muy gentil y le entregué la pelota».

«Luego de perder el penal me quedo el contrarremate y casi hago el gol, pero la pelota pegó por la parte lateral. Después nos reunimos y nos pusimos de acuerdo que debíamos ser más fuertes, porque se iba a venir una avalancha de jugadores de Olimpia; sabíamos que debíamos estar fuertes en el fondo y en la marca», contó Clavasquín.

El partido finalizó 0 a 0 en el tiempo reglamentario. El campeón del Clausura 98 se tenía que definir en el tiempo extra. Motagua había errado un penal y con un hombre más el golpe anímico era fundamental para llegar a los tiempos extras, donde un gol de oro definía todo.

«Conforme pasaron los minutos fuimos asimilando, nos fuimos acoplando y superando esa parte importante del juego, hasta que llegamos al tiempo suplementario, sabíamos que veníamos de errar un penal y que esto se terminaba si se hacía un gol».

Motagua tuvo una falta a favor, Clavasquín tomó el balón, Amado quería cobrarlo él, pero esta vez no se iba a dejar quitar la número cinco, el arquero albo colocó cinco hombres en la barrera, la lluvia comenzó a descender de los cielos del Nacional, aproximadamente 35 metros de distancia, un bombazo salió de la pierna derecha de Reinaldo, el balón se coló entre la barrera encontrando un hueco entre el palo y el portero, Clavasquín corrió hacia su banca, Oscar Bardales pitó el final; Motagua se coronaba campeón del fútbol hondureño.

«Los destinos son perfectos, antes de ser jugador de Motagua fui jugador de Platense. Yo hasta en el equipo de la escuela soñaba con algún día hacer un gol en una final de Liga Nacional, sólo que no sabía con qué equipo, pero era mi sueño», contó el Profe.

El ahora técnico, relata cómo vivió aquel momento, y cómo se generó la jugada del gol del título de Motagua y el gol más importante de su carrera como futbolista.

«Ese era un partido clásico, se jugaba dignidad, orgullo, prestigio. Cuando tomé el balón medí mi distancia, sabía que tenía que pegarle al medio al balón para que no tomará altura, porque ya empezaba la lluvia y la noche se comenzaba a poner fría, el agua comenzaba a caer consideradamente y eso obligaba a poner más rápido el terreno de juego. Tomé una buena distancia, acomodé bien el pie, el balón llevaba buena altura y descendió en el momento justo que tenía que descender; así se escribió la historia».

Aquel partido es recordado como la final del «Huracán Clavasmitch», ya que unas horas después, uno de los huracanes más devastadores en la historia de Honduras, dejaría una huella imborrable en la memoria y en los corazones de todo hondureño.

El huracán Mitch tocó solo hondureño un 26 de octubre de 1998, dejando al menos 7,000 muertos y casi un 70% del país devastado en su paso. Durante ocho días consecutivos, Honduras sufrió una de las catástrofes más lamentables de la historia «Esa es la parte trágica. En aquel momento nadie esperaba todo eso porque no teníamos todas las prevenciones que hay hoy, el huracán nos atrasó 30 años, aún hay gente que no se recupera de todo lo que perdió», lamentó Clavasquín.

El héroe de aquella final recuerda no haber celebrado ese título como se debía, ya que el país se encontraba vulnerable ante el peligro que se avecinaba.

«Yo no salí a celebrar. Había una gran fiesta y celebración que opacaba la noticia del huracán; cuando llegué a mi casa me puse a ver las noticias y allí me enteré de que un huracán estaba entrando a Honduras y realmente nunca pensamos que iba a impactar como lo que sucedió».

Motagua no puedo celebrar como debía, pero la emergencia en el país era más importante.

Clavasquín fue el héroe de aquel partido al que se le apodó «ClavasMitch», ese día el fútbol y la desgracia se juntaron para crear sentimientos encontrados en los corazones de los hondureños.

Una fecha como esa seguramente jamás lo olvidaremos, porque seguimos siendo aquella Honduras vulnerable que encontró el Huracán Mitch, pero debemos haber recapacitado en qué hicimos mal y mejorar, para ayudar a conservar un mejor país.

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