Ministro de la presidencia durante Mitch en Honduras: No teníamos capacidad para enfrentar el huracán

Por Faustino Ordóñez Baca
faustino.ordonez@elheraldo.hn

Gustavo Alfaro, ministro de la presidencia en 1998 en Honduras, durante el Huracán Mitch, recuerda como si fuera ayer la llamada que le hizo el Jefe de las Fuerzas Armadas para informarle que el alcalde capitalino, el popular “Gordito Castellanos”, había muerto en un accidente aéreo.

El funcionario de inmediato pensó en avisarle al Presidente de la República, pero este se hallaba en el interior en gira de inspección y no había comunicación. En aquellos tiempos no había celulares.

El exministro de la Presidencia aceptó hablar con EL HERALDO para conversar de la tragedia del siglo que provocó más de 13 mil muertos.

¿Qué recuerdos tiene usted del huracán Mitch?
Es evidente que el huracán Mitch fue el fenómeno más devastador que ha ocurrido en la historia de Honduras. Uno nunca está preparado para una situación de esta naturaleza, pero en cinco días ya se había restablecido gran parte de las telecomunicaciones y el servicio de electricidad y agua potable.

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¿Cuál fue la actitud del Presidente al confirmar el fenómeno de gran magnitud que venía?
Él nos convocó de inmediato a una reunión de Consejo de Ministros y se creó una comisión con las diferentes secretarios de Estado asignándoles a cada uno de los ministros un departamento y yo asumí el rol de coordinador del equipo. Se trataba de enfrentar primero la emergencia y después pensar en las soluciones a mediano y largo plazo.

¿De qué manera el Mitch trastocó el plan de gobierno?
Fue un cambio total de todos los planes y proyectos que se contemplaban en la Nueva Agenda, el tema de campaña, para abocarse única y exclusivamente a resolver el problema de la reconstrucción nacional.

¿Estaba preparado el país para encarar un desastre natural de esta categoría?
Teníamos algunas debilidades, por ejemplo, lo que hoy es Copeco era débil. No teníamos un plan de contingencia y hubo que asumir en forma improvisada, de emergencia, el problema. No teníamos una organización como la que se tiene ahora.

Hubo que nombrar responsables en cada uno de los departamentos y eso hizo que pudiéramos enfrentarlo con algunas posibilidades de éxito y luego la cooperación internacional fue decisiva para salir adelante.

¿Recuerda usted alguna escena, algún drama que no se le ha borrado de su memoria?¿Era inevitable implorar ayuda internacional?
Es que en definitiva no estábamos en capacidad de enfrentar con nuestros propios recursos una situación de esa naturaleza. Fue una situación espontánea, cuando vino la esposa del presidente Clinton, cuando vino Chirac (presidente de Francia), o cuando vinieron otras personalidades que vieron con sus propios ojos la magnitud de los desastres, eso nos dio aliento.

Recuerdo que estaba presidiendo una reunión del grupo de trabajo cuando mi esposa me llamó para decirme que el río que pasa por la colonia La Campaña se llevó el muro de mi casa y no pude venir a mi casa a ver lo que había pasado.

Otro aspecto importante que a mí me sucedió, mientras el presidente Flores estaba en un viaje en el centro del país, donde tuvo problemas en el regreso por el tiempo, el Jefe de las Fuerzas Armadas me llamó por teléfono para informarme del accidente que se había producido hacía cinco minutos y que los cuerpos de socorro iban hacia el lugar del accidente y que se temía que “el Gordito” Castellanos no había sobrevivido.

¿Cuál fue su reacción cuando fue informado de que había muerto el alcalde capitalino?
Yo recibí esa información oficial de primera mano y sinceramente me hizo sentir mucho lo que había pasado. Después, al día siguiente que regresó el Presidente ya se le comunicó de forma oficial y fue una tragedia para Honduras. Él era mi amigo personal y sinceramente sentí mucho esa desgracia.

¿Recuerda usted el monto de la ayuda internacional y el manejo que se le dio?
Fue una canasta de diversos apoyos, unos países con apoyo financiero, hubo algunos como Japón, Suecia y España que decidieron construir las obras (puentes), los organismos financieros prestaron recursos a bajo costo y dieron donaciones. El gobierno de Estados Unidos apoyó fuertemente.

México fue uno de los primeros que mandó una brigada y cuando llegó se le asignó que colaborara en la limpieza de Comayagüela. Desafortunadamente mirábamos trabajar a los mexicanos y los hondureños no se sumaban y hubo entonces que contratar personal a través del FHIS para colaborar con los mexicanos.

Los médicos cubanos dieron una ayuda muy importante.

¿A qué se dedica ahora Gustavo Alfaro?
La vida es injusta. Yo le entregué 30 años de mi vida al sector público y no me jubilé porque trabajé por contrato, entonces tengo que trabajar hasta el último día que Dios me recoja. Solo coticé al Injupemp durante cuatro años y medio. Trabajo en la bancada del Partido Liberal.

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