Ramón Adalberto Espinal alcalde de Morolica en el Mitch: Le cumplí al pueblo lo que me encomendó

Por Marcel Osorto
marcel.osorto@elheraldo.hn

Morolica dejó de existir la noche del 30 de octubre de 1998, pero fue hasta el primer rayo de luz del día siguiente que su gente pudo vivir en carne propia y ver con sus propios ojos la desgracia, la impotencia y el dolor de haberlo perdido absolutamente todo por culpa del huracán Mitch.

Ante el sufrimiento del pueblo la voz de su entonces alcalde, Ramón Adalberto Espinal (59), rompió en lo profundo de sus corazones: “Voy a irme a pie a Tegucigalpa a pedir ayuda”, les dijo.

Pero la ruta era una sola: recorrer 115 kilómetros bajo intensas lluvias y sin nada que lo acompañara más que sus ánimos. “Loco”, le dijeron muchos, pero logró llegar a la capital.

Hoy, 20 años después de esa tragedia, revivió junto a EL HERALDO esos inolvidables momentos.

La suya fue una decisión totalmente arriesgada. ¿En qué momento decidió viajar?
Sentí un vacío a las 2:00 AM del 31 de octubre de 1998, sabía que Morolica se había perdido y que al salir el sol no iba a haber nada, me levanté, fui donde mi papá, Juan Vicente Espinal, le dije: “Ya no hay nada que hacer, hay que viajar a Tegucigalpa.

¿Tenés valor?”, le pregunté, y me dijo: “Sí, hijo, tengo valor, te voy acompañar, solo decile a uno de los tres militares que si tiene valor”.

Y recuerdo que a las 4:30 AM vine donde los militares y les dije a los tres que quién tenía valor y uno de ellos, José Matamoros (19), me dijo: “Tengo valor”. A las 5:00 AM me despedí de la gente. En el pueblo solo se miraba la copa de la iglesia y un lago de unos seis kilómetros de distancia.

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¿Alguna gente trató de hacerlo entrar en razón, que era muy peligroso?
Unas personas que me dijeron: “Alcalde, usted está loco, ¿por qué se va?”. Los quedé viendo y les dije: “Lo que pasa es que si nos quedamos aquí no vamos a hacer nada”, y me despedí de un montón de gente, habían personas de dinero, yo los vi humillados, llorando como niños, no tenían nada, decían las personas: «¿A dónde nos vamos a meter ahora?”, y eso me conmovió, muchos niño sin leche y sin comida.

¿Cuánto avanzó el primer día de viaje y cómo estaban los caminos?
Salimos desde la comunidad de Las Delicias, mi padre, el militar y yo, después se unieron tres personas más pero dos de ellos a los 10 kilómetros se regresaron, no dejó de llover ni un tan solo segundo, caímos en lugares donde el lodo nos daba hasta el pecho, quebradas que no nos daban pasada y como a las 6:30 llegamos a un lugar llamado Palitio, nos encontramos gente que nos decía que no siguiéramos, pero nunca pensamos en regresar fueron 12 horas bajo la lluvia paramos súper agotados.

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Un hombre se para sobre los restos de lo que fue una vivienda en Morolica, un pueblo del sur de Honduras que desapareció con el paso del Huracán Mitch en 1998. Foto: Johny Magallanes / El Heraldo.

Descansaron en la noche. ¿Cómo les fue al segundo día de camino?
Salimos temprano con la misma ropa, llegamos a las 10:00 AM a la comunidad de San Lucas, recuerdo que un señor nos dio un aventón hasta Quebrada Honda, se llamaba Julián García, siempre lo voy a tener en mi mente, él nos llevó donde una enfermera para que nos inyectara y sentí ánimos porque después de aguantar agua 12 horas no era fácil, después llegamos a Liquidámbar.

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¿Alguna anécdota?
Estando ahí un muchacho de buen corazón me dijo: “Váyase en este burro, alcalde, para que avance”, y recuerdo que el burro era más pachorrudo… y me apeé (bajé); seguimos caminando, cuando íbamos llegando por Mezapa, una persona nos dio de comer, y decían en la radio que en Morolica se habían muerto todos pero yo llevaba la realidad.

¿Algunas personas se comportaron mal?
Cuando salimos a la Escuela Agrícola El Zamorano me acuerdo que el militar les dijo a los de la Escuela, que andaban en carro, que nos dieran jalón y aunque le vieron el arma de reglamento no nos hicieron caso.

Avanzamos a pie hasta Chagüite, cerca de Uyuca, ahí había un corte, nosotros íbamos fundidos, eran las 6:30 PM cuando escuché en todos los medios que se había accidentado el “Gordito” Castellanos.

Todavía estaban lejos, ¿cómo hicieron si venían tan agotados?
Estando ahí dijimos: “Hay que pedir jalón para llegar a Tegus”, y vino un señor que le contamos la historia y dijo: “Fíjense que ahorita estoy esperando una familia que viene de Maraita; si me esperan un poco, yo los llevo a Tegucigalpa”, a los 20 minutos llegaron y nos dijo: “Vámonos”, y nos preguntó: «¿A dónde quieren que los vaya a dejar?”. “Vaya, déjenos al hotel Cosmopolita”, un hotel de segunda que está en El Guanacaste, estando ahí nos cambiamos ropa, porque llevábamos los pedazos.

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¿Cuando la noticia sobre Morolica salió, impactó?
La noticia fue muy fuerte, Sandra Maribel Sánchez fue la primera persona que me miró y como en ese momento era la relacionadora pública de la AMOHN le di la exclusiva y fue una bomba, después nos llevaron a Canal 5, estaba Raúl Valladares, me dijo: “No llorés, tenés que ser fuerte”, no es lo mismo decirle a alguien que sea fuerte que el que siente el dolor, nos dieron siete minutos en TVC y fue un impacto inmenso, llegaron a buscarnos de todos los países del mundo, ni contaría tantas agencias de noticias, canales, eso de la caminata parece que impactó en todo Honduras y me permite decir: Ramón Adalberto, has cumplido una labor que el pueblo te encomendó.

¿Luego llegó la ayuda a Morolica?
Hasta los tres días de que salí yo vinieron a dejar comida, si no llego no sé qué hubiera pasado, más bien yo peleé en la Fuerza Aérea para que le mandaran ayuda a Morolica y en un momento hasta me quisieron sacar, siempre me voy a acordar de Gabriela Núñez, que era la encargada de la zona sur, y me dijo: “No te preocupés, vamos a arreglar eso”, de inmediato solucionó y venían siete u ocho helicópteros a dejar comida y vine en uno de ellos hasta el día ocho porque yo coordinaba, venían los helicópteros de la República de México.

¿Reconoció la gente su labor?
Lo he dejado a la posteridad.

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