El Huracán Mitch y el día que el baloncesto de Honduras murió

Por Roberto Ramos
roberto.ramos@elheraldo.hn

Desde hace veinte años el baloncesto en Honduras dejó de tener el protagonismo que tenía en el gimnasio donde no solo se practicaba este deporte, sino también era escenario de grandes conciertos y competiciones de otras disciplinas deportivas.

Hablamos del gimnasio, Rubén Callejas Valentine, coloso que dejó de funcionar a raíz del paso del huracán que más daño ha hecho a Honduras: “El Mitch“.

Este fenómeno meteorológico que se formó en el Mar de las Costas de Marfil, destruyó el sueño de muchos basquebolistas que vivían con intensidad cada juego. Recordar aquellos torneos colegiales de baloncesto, es revivir la época de oro de este deporte.

Historia del baloncesto en Honduras
El 14 de septiembre de 1947, se inauguró el primer gimnasio nacional, llamado el “15 de marzo”, en conmemoración al natalicio del presidente nacionalista, Tiburcio Carías Andino.

Tras sus comienzos, se jugaban torneos no solamente nacionales, sino también internacionales, eventos que le deban alegría a los capitalinos que asistían a la modesta instalación que fue construida de madera; donde ahora solo queda rastro de lo que fue el gran Rubén Callejas Valentine.

Un sábado 3 de junio de 1961, se jugaron dos grandes duelos, entre las Escuela de Artes Industriales y la Escuela Normal Asociada, (ambos masculinos), también jugaron en femenino: La Escuela Normal de Señoritas contra el emblemático Instituto Central Vicente Cáceres.

Infierno en el complejo
Luego de haberse jugado estos dos grandes partidos colegiales, llegó la noche fatídica para el modesto escenario deportivo. El recinto tomó fuego hasta consumirse por completo, donde nunca se supo si fue mano criminal o se trato de un accidente.

Nuevo comienzo
Ya para el año de 1964 en el mes de abril, se inauguró en el mismo lugar, un nuevo espacio deportivo, el cual fue llamado: “Gimnasio Nacional”. Escenario que fue construido para albergar los XI juegos de campeonato centroamericano. Cabe resaltar que después del incendio en la instalación, los partidos se jugaban en la Escuela Lempira de Comayagüela.

Nace el inmortal Rubén Callejas Valentine
La histórica fecha del baloncesto en Honduras, fue en el año de 1969, el Gimnasio Nacional es bautizado con el nombre de “Rubén Callejas Valentine”, en honor a un dirigente incansable que apoyó este deporte.

Sobreviviente
Después de veinte años sin escuchar las 5 mil personas que llegaban a este escenario deportivo en el barrio abajo, don Mario Argeñal entrenador deportivo y además licenciado en Educación Física y Master en Administración Deportiva, nos contó como ha sido de triste vivir con los recuerdos que dejó el Rubén Callejas Valentine en su memoria.

“Fue una cosa fantástica, aquellos llenos del Instituto Central Vicente Cáceres contra el Instituto San Miguel, una instalación que solo era para 4 mil personas, lograba albergar hasta 6 mil en un partido” dijo el extrenador en nuestra amena conversación.

Don Mario Argeñal, fue entrenador de varios equipos juveniles, como El Rápido, Motagua, Olimpia, Club Los Ases y además árbitro de las ligas de balocensto en su época dorada.

Con el auge de estos duelos entre instituciones colegiales, nace la Liga Nacional de Balocesto, por cual don Mario nos contó que fue algo excepcional: “Fue un boom completo con dirigentes como: Ivis López Ayestas, Lili Raudales, Adán López, Mario Flores Teresín y otras instituciones comerciales que atrajo muchos jugadores y árbitros de Cuba, Costa Rica, Panamá, Estados Unidos, República Dominicana y toda centroamerica”.

Como “fuera de serie” describió don Mario Argeñal el inicio de lo un día fue el baloncesto en Honduras, sin embardo después del Huracán Mitch esto murió.

Con el paso de los años don Mario se ha dedicado a mandar carta tras carta, a todos los presidentes que han estado después del fenómeno natural, respuesta que no ha recibido en estos 20 años.

Según indicó el extrenador no recomienda construir de nuevo el Ruben Callejas Valentine a orillas del rió Choluteca, ya que otro fenómeno como este podría destruirlo nuevamente. Lo que si indicó es que existen dos lugares que son viables para este proyecto, uno es por el  anillo periférico que se pretende construir, y el otro lugar sería en los predios de la Fuerza Aérea Hondureña.

El Huracán Mitch no solo destruyó infraestructura, sino enterró el baloncesto nacional en sus embravecidas aguas de 1998.

Liliana López: Se escuchaban los gritos en la madrugada… murieron ocho niños con el Huracán Mitch

Por Marcel Osorto
marcel.osorto@elheraldo.hn

“Los gritos de mi hermano José Marcial López y su esposa Patricia Rodríguez pidiendo auxilio se escuchaban en la madrugada, pero nadie podía ayudarlos”.

Ese recuerdo todavía retumba en la memoria de Liliana del Carmen López, quien perdió a 11 miembros de su familia luego de ser arrastrados por las aguas del río Texiguath, durante el paso del huracán Mitch.

Oficialmente la familia no murió en Morolica, porque la casa en la que vivían estaba del otro lado del río, pero todos en la comunidad los recuerdan con cariño.

“A ellos fue que el agua no les dio tiempo de salir, cuidaban una propiedad. Eran ocho niños, la pareja de esposos y un primo los que estaban ese terrible día”, relató la mujer.

Explicó que la única sobreviviente de la tragedia era una de las hijas mayores de la pareja que por permiso de su padre vivía en Morolica con una señora adinerada.

Lea además: Cumplí con lo que el pueblo me encomendó, alcalde de Morolica

“Un dolor muy fuerte, el menor de los hijos de mi hermano tenía nueve meses y la mayor 12 años, todos fueron arrastrados por el río en la noche”.

Visiblemente afectada, recordó los gritos de su hermano en horas de la madrugada. “No se lograba ver nada, algunas personas piensan que estaban subidos en algún árbol, pero con la lluvia y la crecida del río no se podía hacer nada”.

Explicó que los minutos pasaron y luego “no se volvieron a escuchar los gritos, cuando el agua bajó la casa donde ellos vivían ya no existía, se la había llevado el agua totalmente”.

Argumentó que nunca buscaron sus cuerpos “no los buscamos, era complicado, estábamos en la calle, albergados en los cerros. Después el tiempo pasó y solo nos quedó el triste recuerdo de su muerte”.

Lea además: Morolica, pueblo de fe que resurgió tras el Mitch

Confesó que “la muerte de los niños conmovió a todas las personas, tal vez con un poco más de tiempo les hubiera quedado chance de salir de la propiedad, pero es que el agua se vino de un solo y ellos estaban a la orilla del río”.

Sobre su sobrina, Sandra López, única sobreviviente de la familia, explicó que años después abandonó el pueblo porque se casó, es madre y siempre guarda el doloroso recuerdo de haber perdido a toda su familia.

Morolica, el pueblo del sur de Honduras que con fe que resurgió tras el Huracán Mitch

Por Marcel Osorto
marcel.osorto@elheraldo.hn

Como un azote endemoniado capaz de arrancarle sangre a la tierra por medio de las torrenciales aguas de los ríos Choluteca y Texíguat llegó el huracán Mitch al municipio de Morolica un fatídico viernes 30 de octubre de 1998.

Presagios de una catástrofe rondaban un ambiente sumido bajo el aullido desconsolado de los perros que presentían una muerte próxima alentada por los horribles estruendos provenientes de los diferentes cerros cercanos.

Los cerca de 2,400 habitantes de Morolica tenían sobre sus espaldas ya cuatro días de lluvia incesante, pero se resistían a creer que su acogedor pueblo fundado en 1824 iba a ceder ante el poderío atroz de la naturaleza.

Por medio de megáfonos se advertía que la desgracia estaba tocando sus puertas, pero cientos de incautos se resistían a abandonar sus casas por temor a perder sus cosas.

“Nos decían locos, que los dejáramos tranquilos, que tenían toda su vida de vivir aquí y que jamás el río había entrado a Morolica”, comentó Reiniery Ponce, exregidor del pueblo.

Ante la parsimonia de la gente se formó un improvisado Comité de Emergencia Municipal (Codem), dirigido por su alcalde Ramón Adalberto Espinal (59) y Ponce, quienes eran acompañados por tres valientes militares que cambiaron las botas de cuero por unas de hule y sacaron entre brazos a los más adultos del pueblo, que irónicamente eran los más renuentes a salirse.

Otros por su parte se agruparon en pequeños grupos dentro de iglesias y colegios, para luego tener que salir con el agua al cuello como almas que lleva el diablo para evitar morir por las inundaciones.

Al filo de las 6:30 PM, cuando el sol comenzaba a ocultarse y los últimos habitantes salían despavoridos del pueblo, la luz eléctrica se interrumpió para jamás volver a encender. Parados bajo la lluvia miles de habitantes de Morolica se dejaron cobijar por un cielo destructivo mientras a lo lejos escuchaban fuertes estruendos que les erizaban la piel, pero que no les terminaban de convencer de que su pueblo se había perdido del mapa.

Lea además: Huracán Mitch, un monstruo que nos puso de rodillas

Realidad
A la mañana siguiente con los primeros rayos de sol los habitantes volvieron su vista al suelo para ver, según ellos, sus casas sumergidas en agua.

Pero no fue así, “en Morolica parecía que el agua había sido succionada por la tierra totalmente y de paso se había tragado todas las viviendas que ahora solo eran pedazos de lodo”, recordó Ponce.

Desde los bordos de la montaña se escuchaban lamentos terroríficos de personas que se resistían a creer que ahí donde estaba el fruto de su trabajo ya no había nada.

Doce personas perdieron la vida esa noche en la aldea El Rincón, adyacente a Morolica, testigos cuentan que sus gritos se escucharon hasta las primeras horas de la madrugada, pero sus cuerpos, incluidos ocho menores de edad, nunca aparecieron.

“Cuidaban una propiedad y no les quedó tiempo de salir, de esa familia se salvó una niña que estaba viviendo en Morolica con otras personas”, argumentó el exregidor.

Con las manos vacías, sin nada que comer, tampoco que vestir, la histeria se apoderó del pueblo que fijó en su exalcalde Ramón Adalberto Espinal las esperanzas luego de que decidiera salir a pie rumbo a Tegucigalpa a pedir ayuda.


La Nueva Morolica fue fundada un 17 de marzo de 2001 y está ubicada a cinco kilómetros del antiguo pueblo, en una zona libre de inundaciones.

Ayuda y reconstrucción
El alimento llegó tres días después a bordo de helicópteros de la República de México cargados por el Programa Mundial de Alimentos (PMA), que se convirtió en el protector de los morolicas.

Apenas un mes después, en diciembre, aún con las heridas frescas por el desastre se comenzó a planificar lo que sería la Nueva Morolica.

El proyecto fue planificado por Gerhard Franke, coordinador para América Latina de Malteser Internacionational y que se convirtió en un padre para la población, además colaboraron la Orden de Malta, agencias de desarrollo de Suiza, Estados Unidos, España y Japón y las iglesias, entre otras instituciones, con una inversión de 100 millones de lempiras.

La Nueva Morolica fue fundada el 17 de marzo de 2001 a una distancia de cinco kilómetros de la antigua ubicación.Lea además: Honduras tres veces más vulnerable que cuando ocurrió el Mitch

Actualmente el pueblo se encuentra pavimentado en un 80%, con luz eléctrica, agua potable, servicio de aguas negras.

Sin embargo, tiene una de las peores carreteras de acceso, pues los programas de gobierno no han llegado.

En la historia hondureña quedará la valentía y el esfuerzo del pueblo de Morolica, que se levantó desde el lodo.

Mas historias del Huracán Mitch y sus 20 años

Ramón Adalberto Espinal alcalde de Morolica en el Mitch: Le cumplí al pueblo lo que me encomendó

Por Marcel Osorto
marcel.osorto@elheraldo.hn

Morolica dejó de existir la noche del 30 de octubre de 1998, pero fue hasta el primer rayo de luz del día siguiente que su gente pudo vivir en carne propia y ver con sus propios ojos la desgracia, la impotencia y el dolor de haberlo perdido absolutamente todo por culpa del huracán Mitch.

Ante el sufrimiento del pueblo la voz de su entonces alcalde, Ramón Adalberto Espinal (59), rompió en lo profundo de sus corazones: “Voy a irme a pie a Tegucigalpa a pedir ayuda”, les dijo.

Pero la ruta era una sola: recorrer 115 kilómetros bajo intensas lluvias y sin nada que lo acompañara más que sus ánimos. “Loco”, le dijeron muchos, pero logró llegar a la capital.

Hoy, 20 años después de esa tragedia, revivió junto a EL HERALDO esos inolvidables momentos.

La suya fue una decisión totalmente arriesgada. ¿En qué momento decidió viajar?
Sentí un vacío a las 2:00 AM del 31 de octubre de 1998, sabía que Morolica se había perdido y que al salir el sol no iba a haber nada, me levanté, fui donde mi papá, Juan Vicente Espinal, le dije: “Ya no hay nada que hacer, hay que viajar a Tegucigalpa.

¿Tenés valor?”, le pregunté, y me dijo: “Sí, hijo, tengo valor, te voy acompañar, solo decile a uno de los tres militares que si tiene valor”.

Y recuerdo que a las 4:30 AM vine donde los militares y les dije a los tres que quién tenía valor y uno de ellos, José Matamoros (19), me dijo: “Tengo valor”. A las 5:00 AM me despedí de la gente. En el pueblo solo se miraba la copa de la iglesia y un lago de unos seis kilómetros de distancia.

Lea además: El pueblo del sur de Honduras que con fe que resurgió tras el Mitch

¿Alguna gente trató de hacerlo entrar en razón, que era muy peligroso?
Unas personas que me dijeron: “Alcalde, usted está loco, ¿por qué se va?”. Los quedé viendo y les dije: “Lo que pasa es que si nos quedamos aquí no vamos a hacer nada”, y me despedí de un montón de gente, habían personas de dinero, yo los vi humillados, llorando como niños, no tenían nada, decían las personas: “¿A dónde nos vamos a meter ahora?”, y eso me conmovió, muchos niño sin leche y sin comida.

¿Cuánto avanzó el primer día de viaje y cómo estaban los caminos?
Salimos desde la comunidad de Las Delicias, mi padre, el militar y yo, después se unieron tres personas más pero dos de ellos a los 10 kilómetros se regresaron, no dejó de llover ni un tan solo segundo, caímos en lugares donde el lodo nos daba hasta el pecho, quebradas que no nos daban pasada y como a las 6:30 llegamos a un lugar llamado Palitio, nos encontramos gente que nos decía que no siguiéramos, pero nunca pensamos en regresar fueron 12 horas bajo la lluvia paramos súper agotados.

Morolica despues del Mitch (1)

Image 1 De 10

Un hombre se para sobre los restos de lo que fue una vivienda en Morolica, un pueblo del sur de Honduras que desapareció con el paso del Huracán Mitch en 1998. Foto: Johny Magallanes / El Heraldo.

Descansaron en la noche. ¿Cómo les fue al segundo día de camino?
Salimos temprano con la misma ropa, llegamos a las 10:00 AM a la comunidad de San Lucas, recuerdo que un señor nos dio un aventón hasta Quebrada Honda, se llamaba Julián García, siempre lo voy a tener en mi mente, él nos llevó donde una enfermera para que nos inyectara y sentí ánimos porque después de aguantar agua 12 horas no era fácil, después llegamos a Liquidámbar.

Lea también: Devastación del paso del Mitch sigue presente en Tegucigalpa

¿Alguna anécdota?
Estando ahí un muchacho de buen corazón me dijo: “Váyase en este burro, alcalde, para que avance”, y recuerdo que el burro era más pachorrudo… y me apeé (bajé); seguimos caminando, cuando íbamos llegando por Mezapa, una persona nos dio de comer, y decían en la radio que en Morolica se habían muerto todos pero yo llevaba la realidad.

¿Algunas personas se comportaron mal?
Cuando salimos a la Escuela Agrícola El Zamorano me acuerdo que el militar les dijo a los de la Escuela, que andaban en carro, que nos dieran jalón y aunque le vieron el arma de reglamento no nos hicieron caso.

Avanzamos a pie hasta Chagüite, cerca de Uyuca, ahí había un corte, nosotros íbamos fundidos, eran las 6:30 PM cuando escuché en todos los medios que se había accidentado el “Gordito” Castellanos.

Todavía estaban lejos, ¿cómo hicieron si venían tan agotados?
Estando ahí dijimos: “Hay que pedir jalón para llegar a Tegus”, y vino un señor que le contamos la historia y dijo: “Fíjense que ahorita estoy esperando una familia que viene de Maraita; si me esperan un poco, yo los llevo a Tegucigalpa”, a los 20 minutos llegaron y nos dijo: “Vámonos”, y nos preguntó: “¿A dónde quieren que los vaya a dejar?”. “Vaya, déjenos al hotel Cosmopolita”, un hotel de segunda que está en El Guanacaste, estando ahí nos cambiamos ropa, porque llevábamos los pedazos.

Lea además: Huracán Mitch, el monstruo que nos puso de rodillas

¿Cuando la noticia sobre Morolica salió, impactó?
La noticia fue muy fuerte, Sandra Maribel Sánchez fue la primera persona que me miró y como en ese momento era la relacionadora pública de la AMOHN le di la exclusiva y fue una bomba, después nos llevaron a Canal 5, estaba Raúl Valladares, me dijo: “No llorés, tenés que ser fuerte”, no es lo mismo decirle a alguien que sea fuerte que el que siente el dolor, nos dieron siete minutos en TVC y fue un impacto inmenso, llegaron a buscarnos de todos los países del mundo, ni contaría tantas agencias de noticias, canales, eso de la caminata parece que impactó en todo Honduras y me permite decir: Ramón Adalberto, has cumplido una labor que el pueblo te encomendó.

¿Luego llegó la ayuda a Morolica?
Hasta los tres días de que salí yo vinieron a dejar comida, si no llego no sé qué hubiera pasado, más bien yo peleé en la Fuerza Aérea para que le mandaran ayuda a Morolica y en un momento hasta me quisieron sacar, siempre me voy a acordar de Gabriela Núñez, que era la encargada de la zona sur, y me dijo: “No te preocupés, vamos a arreglar eso”, de inmediato solucionó y venían siete u ocho helicópteros a dejar comida y vine en uno de ellos hasta el día ocho porque yo coordinaba, venían los helicópteros de la República de México.

¿Reconoció la gente su labor?
Lo he dejado a la posteridad.

Lee todas nuestras historias en nuestro especial de los 20 años del Mitch

Reconocen labor del exalcalde de Morolica durante el Huracán Mitch en Honduras

Por Redacción
redacción@elheraldo.hn

La valentía y el amor al prójimo que demostró el exalcalde de Morolica, Ramón Espinal, hace 20 años atrás, ahora le es recocida por parte de la Mesa de Gestión de Riesgo zona sur.

Las fuertes correntadas de agua del río Choluteca hicieron desaparecer a su municipio, lo que lo motivó a emprender una viaje de más de dos días desde la desaparecida Morolica hasta Tegucigalpa para pedir apoyo al gobierno y poder reconstruir su poblado, el que ahora se conoce como Nuevo Morolica.

Con lágrimas en sus ojos pero con el firme deseo de que su testimonio sea conocido por las nuevas generaciones, don Ramón pidió a las autoridades de gobierno fortalecer las medidas de prevención contra desastres.

“Son duros los recuerdos que aún tengo del huracán Mitch, pero es importante que la población se prepare para hacerle frente a cualquier otro fenómeno que nos pueda atacar nuevamente”, dijo el entrevistado. Don Ramón quiere escribir un libro.

Vídeo: Así recuerdan los hijos de César “El Gordito” Castellanos la muerte de su padre en el Huracán Mitch

Por David Romero
david.romero@elheraldo.hn

Jorge Castellanos y César Castellanos, recuerdan con EL HERALDO, la partida de su padre, el exalcalde César Castellanos Madrid, quien pereciera durante la tragedia del Huracán Mitch siendo el edil de la capital de Honduras.

Para la nueva generación escuchar la historia de “El Gordito” quizá no tenga mucho impacto como lo tiene para aquellos que vivieron la tragedia y aún se les eriza la piel al recordar el momento en el que escucharon la noticia por la radio, puesto que, debido a los desastres que había ocasionado el Huracán Mitch, cientos de colonias completas estaban sin el servicio de energía eléctrica.

Ministro de la presidencia durante Mitch en Honduras: No teníamos capacidad para enfrentar el huracán

Por Faustino Ordóñez Baca
faustino.ordonez@elheraldo.hn

Gustavo Alfaro, ministro de la presidencia en 1998 en Honduras, durante el Huracán Mitch, recuerda como si fuera ayer la llamada que le hizo el Jefe de las Fuerzas Armadas para informarle que el alcalde capitalino, el popular “Gordito Castellanos”, había muerto en un accidente aéreo.

El funcionario de inmediato pensó en avisarle al Presidente de la República, pero este se hallaba en el interior en gira de inspección y no había comunicación. En aquellos tiempos no había celulares.

El exministro de la Presidencia aceptó hablar con EL HERALDO para conversar de la tragedia del siglo que provocó más de 13 mil muertos.

¿Qué recuerdos tiene usted del huracán Mitch?
Es evidente que el huracán Mitch fue el fenómeno más devastador que ha ocurrido en la historia de Honduras. Uno nunca está preparado para una situación de esta naturaleza, pero en cinco días ya se había restablecido gran parte de las telecomunicaciones y el servicio de electricidad y agua potable.

Lea además: Reconocen labor de exalcalde de Morolica, Ramón Espinal

¿Cuál fue la actitud del Presidente al confirmar el fenómeno de gran magnitud que venía?
Él nos convocó de inmediato a una reunión de Consejo de Ministros y se creó una comisión con las diferentes secretarios de Estado asignándoles a cada uno de los ministros un departamento y yo asumí el rol de coordinador del equipo. Se trataba de enfrentar primero la emergencia y después pensar en las soluciones a mediano y largo plazo.

¿De qué manera el Mitch trastocó el plan de gobierno?
Fue un cambio total de todos los planes y proyectos que se contemplaban en la Nueva Agenda, el tema de campaña, para abocarse única y exclusivamente a resolver el problema de la reconstrucción nacional.

¿Estaba preparado el país para encarar un desastre natural de esta categoría?
Teníamos algunas debilidades, por ejemplo, lo que hoy es Copeco era débil. No teníamos un plan de contingencia y hubo que asumir en forma improvisada, de emergencia, el problema. No teníamos una organización como la que se tiene ahora.

Hubo que nombrar responsables en cada uno de los departamentos y eso hizo que pudiéramos enfrentarlo con algunas posibilidades de éxito y luego la cooperación internacional fue decisiva para salir adelante.

¿Recuerda usted alguna escena, algún drama que no se le ha borrado de su memoria?¿Era inevitable implorar ayuda internacional?
Es que en definitiva no estábamos en capacidad de enfrentar con nuestros propios recursos una situación de esa naturaleza. Fue una situación espontánea, cuando vino la esposa del presidente Clinton, cuando vino Chirac (presidente de Francia), o cuando vinieron otras personalidades que vieron con sus propios ojos la magnitud de los desastres, eso nos dio aliento.

Recuerdo que estaba presidiendo una reunión del grupo de trabajo cuando mi esposa me llamó para decirme que el río que pasa por la colonia La Campaña se llevó el muro de mi casa y no pude venir a mi casa a ver lo que había pasado.

Otro aspecto importante que a mí me sucedió, mientras el presidente Flores estaba en un viaje en el centro del país, donde tuvo problemas en el regreso por el tiempo, el Jefe de las Fuerzas Armadas me llamó por teléfono para informarme del accidente que se había producido hacía cinco minutos y que los cuerpos de socorro iban hacia el lugar del accidente y que se temía que “el Gordito” Castellanos no había sobrevivido.

¿Cuál fue su reacción cuando fue informado de que había muerto el alcalde capitalino?
Yo recibí esa información oficial de primera mano y sinceramente me hizo sentir mucho lo que había pasado. Después, al día siguiente que regresó el Presidente ya se le comunicó de forma oficial y fue una tragedia para Honduras. Él era mi amigo personal y sinceramente sentí mucho esa desgracia.

¿Recuerda usted el monto de la ayuda internacional y el manejo que se le dio?
Fue una canasta de diversos apoyos, unos países con apoyo financiero, hubo algunos como Japón, Suecia y España que decidieron construir las obras (puentes), los organismos financieros prestaron recursos a bajo costo y dieron donaciones. El gobierno de Estados Unidos apoyó fuertemente.

México fue uno de los primeros que mandó una brigada y cuando llegó se le asignó que colaborara en la limpieza de Comayagüela. Desafortunadamente mirábamos trabajar a los mexicanos y los hondureños no se sumaban y hubo entonces que contratar personal a través del FHIS para colaborar con los mexicanos.

Los médicos cubanos dieron una ayuda muy importante.

¿A qué se dedica ahora Gustavo Alfaro?
La vida es injusta. Yo le entregué 30 años de mi vida al sector público y no me jubilé porque trabajé por contrato, entonces tengo que trabajar hasta el último día que Dios me recoja. Solo coticé al Injupemp durante cuatro años y medio. Trabajo en la bancada del Partido Liberal.

Huracán Mitch, un monstruo que puso de rodillas a Honduras

Por Faustino Ordóñez  Baca
faustino.ordonez@elheraldo.hn

Sandra, la niña de 13 años que vivía al otro lado del río, partió la mañana del lunes donde sus patronos dejando en su casa a sus padres y a sus seis hermanos y cuando regresó, en medio de la angustia y la desesperación, vio con asombro que no había nadie, ni rastro de la vivienda y mucho menos de sus seres queridos. Todos fueron arrastrados por las embravecidas aguas del río Choluteca, uno de los más caudalosos de Honduras.

Esta historia, que tiene su génesis en la vieja Morolica, Choluteca, zona sur de Honduras. Y es parte de tantas tragedias que ocurrieron aquella fatídica semana de finales de octubre de 1998 cuando el pueblo hondureño fue puesto de rodillas por el huracán Mitch, el más trágico de los últimos 200 años.

Los mayores de 25 años nunca olvidarán la catástrofe de aquel fenómeno que atacó ferozmente a un país vulnerable, desorganizado y con una población muy poco acostumbrada a la solidaridad humana.

Un antes y un después

El desastre marcó un antes y un después en la historia del país por su magnitud, por la cantidad de lluvia que cayó durante casi dos semanas y por las pérdidas de vidas humanas y los daños severos en todos los rubros de la economía que provocaron una solicitud desesperada de ayuda a la comunidad internacional por parte del entonces presidente Carlos Flores (1998-2002).

Fueron tales las consecuencias que dejó el huracán que el mandatario hizo a un lado su plan de gobierno para dedicarse primero a atender la emergencia relacionada con la búsqueda de más ocho mil desaparecidos que posteriormente fueron declarados muertos.

Luego, a restablecer los servicios básicos, las comunicaciones y la atención a 1.4 millones de damnificados que quedaron sin casa, sin trabajo y sin comida. La administración liberal diseñó un plan de reconstrucción nacional y de no ser por la ayuda internacional, no hubiese sido posible que el país saliera adelante.

El huracán “fue una tragedia de proporciones bíblicas”, dijo recientemente en una comparecencia de televisión el expresidente Flores.

Mientras se coordinaba la acción de emergencia, los familiares de otros seis mil compatriotas, cuyos cuerpos lograron encontrar, se dedicaron a enterrarlos casi de manera silenciosa y con poca compañía, pues todo mundo se dedicaba a lo suyo, a enfrentar la crisis.

Familias enteras desaparecieron, unas ahogadas y otras víctimas de desprendimientos de cerros que traían lodo, piedra y tierra.

Pedro fue otro caso sonado en Tegucigalpa. Este hombre andaba trabajando y cuando regresó vio que su familia y su casa ya no existían, todos quedaron debajo de los escombros del cerro donde se asentaba la marginal colonia Nueva Esperanza.

En otra colonia capitalina un hombre departía con unos amigos cerca de su vivienda de dos plantas y de pronto vio cómo sus seres queridos subían desesperados al segundo piso, pero jamás se imaginó que la corriente del río subiría hasta cubrir totalmente la casa, derribándola con todo y la familia. De este hombre no se volvió a saber nada.

Estos son apenas parte de los casos que se conocieron en los medios de comunicación de los miles que ocurrieron en todo el país, pues los periodistas, hombres y mujeres claves en aquel momento, se las ingeniaron para cubrir estoicamente aquella tragedia que dejó luto y dolor permanente.

Un fenómeno, un monstruo

El Mitch fue prácticamente un monstruo que atacó sin piedad a una población indefensa y desprevenida.

Comenzó a formarse el 22 de octubre al oeste del mar Caribe como categoría 2, pero rápidamente fue ascendiendo su fuerza y velocidad hasta situarse en el nivel cinco, el más temible y catastrófico en la escala de Saffir-Simpson.

A una velocidad de 290 kilómetros por hora y situando su ojo de forma paralela a la costa atlántica de Nicaragua y Honduras, el fenómeno comenzó a introducirse a territorio hondureño de oriente a occidente con una categoría menor pero provocando lluvias constantes durante casi dos semanas.

Hubo momentos en que el huracán se estacionó en el norte de Honduras pero de pronto los vientos, aunque en menor intensidad, se desplazaron de norte a sur provocando lluvias de hasta 1,900 milímetros de agua que derivó en la crecida de los ríos y quebradas que se desbordaron por todos lados.

El huracán Mitch categoría 5, el más potente en 200 años, dejó destrozos en puentes y carreteras.

“Las primeras horas, cuando sentimos el impacto estremecedor de aquellos vientos y aquellas lluvias torrenciales, yo creí que los daños solo iban a ser en San Pedro Sula”, recordó el exgobernante Flores.

El daño humano y material

El huracán Mitch provocó grandes daños humanos y materiales en la costa norte, Francisco Morazán y el sur del país. El Informe de Desarrollo Humano Honduras 1999, de las Naciones Unidas, al citar estadísticas oficiales, dice que “el Mitch causó casi seis mil muertos, ocho mil desaparecidos, 12 mil heridos y más de un millón de damnificados”.

“Para un país de casi seis millones de habitantes”, resalta el informe, “estas cifras representan un golpe de enormes proporciones”. Se estima que el huracán causó en Honduras dos muertos por cada mil personas lo que representó “un aumento de casi un 40 por ciento en la mortalidad anual prevista”.

En educación, según cifras de la Secretaría de Educación citados por el Informe de Desarrollo Humano, los daños fueron cuantiosos. El año escolar 1998 fue clausurado un mes antes mientras se hacía una evaluación a la infraestructura que al final arrojó los siguientes datos: 1,306 centros educativos dañados, 3,158 aulas afectadas (1,031 destruidas y 2,127 dañadas).

En el campo de la salud, de 1,091 Unidades Prestadoras de Servicios de Salud, 123 fueron afectadas por el huracán “ocho de las cuales fueron completamente destruidas o inutilizadas”, según un informe de la Organización de las Naciones Unidas (OPS).

De acuerdo a un estudio de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), el huracán provocó unos 3,800 millones de dólares en pérdidas (91,200 millones de lempiras) en todos los rubros de la economía, incluyendo la infraestructura y los sectores sociales. Solo en el sector productivo las pérdidas se estimaron en 2,617.5 millones de dólares (62,802 millones de lempiras).

Recuerdos del Huracán Mitch: La mañana en la que logré ver el sol, entonces sentí felicidad

Por Gerson Gómez Rosa
gerson.gomez@elheraldo.hn

Recuerdo que la mañana en la que logré ver el sol, entonces sentí felicidad.

Ya pasaron 20 años. Entonces yo tenía 16. Mitch era un terror y un hastío. La gente no salía a la calle por las lluvias, yo sí. El único momento en el que tenía ropa seca era a la hora de dormir.

Mi madre, mi hermano y yo nos fuimos a El Hato de Enmedio donde una tía a pasar el fenómeno. Nosotros vivíamos en La Flor # 2 en Comayagüela, una de las colonias  declaradas en riesgo entonces. Dormíamos donde podíamos. O dónde cabíamos.

Crecí en la fe mormona y para entonces yo me alistaba para irme a la Misión (para ser elder), entonces estaba de cerca con los dos élderes salvadoreños (Óscar y Joel) que servían en ese sector de El Hato. Pero justo entonces, les ordenaron permanecer encerrados y no salir a las calles. Ellos no podían ir a buscar sus alimentos entonces, por lo que yo fui seleccionado para hacerlo.

Una hermana de la iglesia preparaba la comida y yo se las levaba. También compraba los abarrotes con las que los preparaba y también los pedidos de los dos misioneros. Por eso, entonces siempre estaba mojado, por eso estaba en las calles mientras la mayoría de las personas permanecía en casa.

Ojo que no quiero confundir, no es que no hubiera gente en las calles y aquello fuera una escena de “I am Legend” y todo estuviera desierto. Claro que habían autos circulando, y gente en las calles, pero la mayoría lo evitaba y más cuando ya se suspendieron las clases y se declararon alertas.

Recuerdo estar una noche en la sala de la casa viendo el resumen de las noticias y una imagen que me impactó. La gente corría por el puente vehícular de El Country mientras las casas caían al río.

También recuerdo cuando informaron que Morolica ya no existía, que Choluteca y el Valle de Sula estaban bajo en agua y que había terror porque habían abierto las compuertas de las represas. Nunca supe si fue cierto.

Las noches tenían algo que no te dejaban dormir.

A veces, mucha gente ama dormir mientras llueve. Pero cinco días seguidos y sin parar evitan el sueño. Y más frente a nuestra casa, donde había un enorme pino que aterrorizaba con su zumbido. Y obvio expectantes que no nos fuera a caer encima.

A medida que Mitch iba arrasando con todo, la ciudad se quedaba sin recursos. El suministro de agua se acabó. Los granos básicos se acabaron. No había carne y la gente aprovechaba para llevarse todo lo que podía de los comercios.

Entonces tocó salir a buscar lo que se podía. Por fortuna en El Hato hay tanques de abastecimientos comunitarios y el agua duró los cinco días de lluvias y un poco
más. Pero luego la escena fue chistosa. Pero lo relataré más adelante.

Salío el sol

La mañana en la que logré ver el sol, entonces sentí felicidad.

No sé. Fue hermoso realmente. Fue un rayo de sol que se filtró por la ventana de celosías (persianas) y me dio en la cara. Salí de la casa a la calle y entonces el agua ya no corría por las cunetas. Me quedé parado en un muro y dejé que el sol me tocara. Quiero creer que estuve un buen rato así, lamento ahora no haberlo cronometrado. Mitch se había marchado.

Pero el país estaba destruido. Las imágenes en la televisión mostraban lo que podían, el presidente (Carlos Flores) ofrecía conferencias de prensa, el alcalde (César Castellanos) se metía en los barrios. Y en mi pequeño radio de baterías escuchaba que anunciaban que pronto llegaría ayuda de Estados Unidos, de México. Y de otros países de la comunidad internacional.

Salimos con el esposo de mi tía a buscar agua potable. Fuimos en su carro hasta La Alameda a un Car Wash que por fortuna, había reservado todo su tanque durante los días del meteoro. No puedo recordar con claridad del precio del barril, pero si recuerdo que estaba cara. Pero bueno, teníamos agua para tomar y cocinar.

Pero entonces los baños necesitaban agua, la casa necesita limpieza. Teníamos que volver a vivir.

La única forma de conseguirla era ir a las quebradas.

En El Hato, (años antes de Mitch claro) era muy común que personas que vivían en la colindante colonia Villa Nueva, tocaran las puertas o portones de las casas para que pedir o comprar agua, ya que en su colonia no había. Mucha gentes les daba, otros les vendían, otros simplemente eran tan indiferentes como ahora.

Pero el agua que ellos pedían solo era para cocinar o hidratarse, dado que para hacer la limpieza de sus casas era de las quebradas o riachuelos cercanos. De hecho, recuerdo que las mujeres de Villa Nueva iban a lavar a las quebradas.

Pero el Mitch de alguna forma se disfrazó de karma, pues nuestras vecinas de El Hato, que nunca daban agua, que siempre tuvieron sus puertas cerradas y lavaban con tranquilidad en sus pilas (quizá ya muchas en lavadoras), jamás se imaginaron caminar rumbo a las quebradas a lavar ropa, a bañarse y hasta a llevar galones para poder hacer sus hogares.

Yo iba a la quebrada a diario tras el Mitch, porque además de ir a bañarme, también había comenzado un negocios informal de venta de agua a los vecinos (claro, los sanitarios necesitaban agua), por lo que no puedo parar de reir incluso hoy, al recordar como aquellas mujeres de Villa Nueva, se burlaban de las de El Hato que con “horror” iban a la quebrada a buscar una piedra donde poder lavar. La vida da vueltas solía decir mi abuela Ángela Durón.

Debíamos volver

Unos días después de que el sol saliera, mi madre decidió entonces que volviéramos a nuestra casa en Comayagüela. Quizá habían pasado tres o cuatro días, no lo recuerdo bien. Lo que si tengo claro es el momento en el que nos bajamos de un autobús Mercedes Benz con el registro número 7 de El Hato-Los Robles.

Tegucigalpa y Comayagüela estaban incomunicadas y no se permitía el paso de vehículos por los puentes Carías y Mayol. El Francisco Morazán y El Chile cedieron y el único paso peatonal era por el Soberanía.

Bueno, vale aclarar en estas líneas, que las ciudades gemelas estaban unidas en su orden por los puentes El Prado, La Bolsa, Francisco Morazán, Mayoll, Sobería, Carías y El Chile. A estos hoy, 20 años después, se suman el Juan Ramón Molina y el Estocolmo.

Nos bajamos entonces de aquel autobús que hoy puede asegurar tenía los amortiguadores malos porque al frenar brincaba mucho. Nos dejó en el Parque Central. De allí en adelante solo se podía cruzar a pie. Comenzamos a caminar y todo parecían normal, hasta que al llegamos a la esquina del edificio del Ministerio de Finanzas.

Giramos a la izquierda sobre la avenida Miguel Cervantes y entonces un monstruo estaba allí. Enorme, gigante. No puedo mentir, una montaña de al menos 6 o 7 metros de lodo impedía el paso hasta Comayagüela.

Basura, restos de casas, láminas, mercadería, palos, ramas. Aquello era impactante. De alguna forma el corazón se aceleraba, puesto que no sabías qué podría haber más adelante.

Pasamos aquella pila de basura por un camino que ya muchos habían improvisado. Y llegamos al puente. Lo cruzamos y tras él, se abre el Mercado Álvarez a la derecha, donde había venta de todas aquellas cosas que se podían rescatar del lodo. Barras de jabón a un lempira, pedazos de tela que habían sido hurtadas de las tiendas de “los turcos” de la quinta avenida. Baterías (pilas) mojadas pero que con un poco de sol aseguraban que funcionarían.

Bueno, sí funcionaron. Mi madre me compró para mi radio y bueno, duraban un par de horas, pero funcionaban. Además compramos jabón, rasuradoras y alimentos.

Más adelante habían otras cosas de ventas, plásticos, recipientes, pailas, herramientas, todo aquello que además había sobrevivido en las bodegas de los diferentes mercados. Aquí entonces sí aplicaba el dicho… “el río revuelto, ganancia de pescadores“.

Caminamos rumbo al Mercado Colón para ir al Mercado Las Américas y así poder conseguir transporte para nuestra colonia vía Los Profesores o Las Ayestas. Pero no había transporte, estaban las calles partidas y los buses y taxis no podían avanzar. La única forma era hacerlo a pie por el Cementerio General rumbo a la San Martín por la izquierda y rumbo a El Chile y la Soto por la derecha.

Durante toda esa enorme cuesta, la gente de los barrios bajaba corriendo a los mercados a rebuscar cosas entre el lodo, o a saquear las tiendas de la cuarta, quinta y sexta avenida. Otros subían con lo que se había podido conseguir. Lo que más recuerdo son mujeres con rollos enteros de telas mojadas y lodosas, y un hombre con una caja registradora entera en la espalda.

Cuando llegamos a nuestra casa, Dios nos mostró su poder. No había pasado nada, apenas y había lodo dentro de ella. Y un tío nuestro (que ahora en paz descansa), había sobrevivido solo en una barraca, casi todo el temporal sin comer ni beber.

Días después todo se fue normalizando. Comenzaron a llegar ayudas. los mexicanos se quedaron limpiando la primera avenida de Comayagüela. Yo era estudiante del Instituto Héctor Pineda Ugarte (IHPU) en El Hato de Enmedio y todos los días hacia la misma ruta.

Llegaron ayudas y en los mercados aparecieron un montón de cosas nuevas. Me pregunto hoy en día sí era donaciones también. No lo sé. Pero habían unos relojes que valían L 5.00, que era despertadores, consolas “Game Boy” que tenían un solo juego: Tetris ¿Te acordás? y pastas de dientes, jabones, toallas entre lo que puedo recordar.

En la iglesia mormona, vinieron cajas de alimentos desde Estados Unidos, entre ellos frijoles blancos, los que probé por primera vez en mi vida. Descargamos el camión en la iglesia de la Kennedy y nos premiaron con una ración.

Luego construyeron un puente provisional que ya tiene 20 años de ser provisional, también recuerdo la visita de Bill Clinton y su esposa Hillary, del presidente francés, del entonces príncipe de Asturias y de aviones de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos.

Ya pasaron 20 años y esto es apenas algunos de los recuerdos que me quedan y de las cosas que vi: cadáveres, restos humanos, escombros… recuerdos. Y ahora que lo pienso bien, en 20 años no ha cambiado nada. Seguimos tan descuidados como desprotegidos, como indiferentes.

Pero sí hay algo que nunca olvidaré. El día después de Micth, fue la mañana en la que logré ver el sol, entonces sentí felicidad.

Clavasquín: La celebración del título opacaba la llegada del Huracán Mitch

Por Dennis Alexander Álvarez
EL HERALDO

Los días pasan, los momentos se vuelven polvo, cada instante se convierte en único; el reloj sigue su marcha, pero hay recuerdos que no se mueven, que quedan guardados en nuestra memoria, recuerdos que perduran para siempre. Y el gol de Reinaldo Clavasquín en la final del 98 a Olimpia, está tan ligados a los recuerdos de la llegada del Huracán Mitch. 

Desde el “Motagua is the Champions”, hasta el “ClavasMitch”, EL HERALDO habla un poco con el exjugador azul, quien revive el partido y la llegada del fenómeno a tierras hondureñas en aquel octubre del 98.

Reinaldo Clavasquín acomodó el balón, se perfiló para pegarle, unos 35 metros separaban al balón del arco defendido por Donaldo González, el arquero coloca cinco hombres en la barrera, el árbitro autoriza, Clavasquín golpea fuerte, el balón encuentra una rendija entre la barrera, se cuela entre el palo y el portero; el árbitro pita el final, el Estadio Nacional explota; Motagua campeón.

Seguramente hay un recuerdo en la memoria de la afición motagüense que nunca olvidarán. Era un 25 de octubre de 1998, los dos mejores equipos del torneo se enfrentaban en la final. 34 mil gargantas se juntaban en el Estadio Nacional; Olimpia vs Motagua, la final soñada.

Sería la primera final entre los dos clubes de la capital hondureña, en la historia de la Liga Nacional. Las expectativas eran enormes, el Estadio Tiburcio Carias Andino era un manicomio, no cabía un alfiler, la afición olimpista era mayoría, pero los azules nunca se achicaron.

Reinaldo Clavasquín, el héroe de aquella tarde-noche relata cómo se vivió la previa de aquella final y cómo recuerda ese día histórico para Motagua y para Honduras.

“Ese día se recuerda como si fuera ayer. Todo el país estaba pendiente de ese partido de gran final. Nosotros que formamos ese gran grupo, queríamos escribir una gran historia. Enfrente teníamos una gran responsabilidad, enfrentar a Olimpia que era futbolísticamente mejor que nosotros, con jugadores de una enorme experiencia, mientras que nosotros éramos una juventud con una gran ilusión”.

El partido fue de los más bravos que se ha podido presenciar entre Olimpia y Motagua. La ida se había empatado 0-0, por lo que todo se definía ese 25 de octubre de 1998.

La primera mitad fue muy cerrada, con pocas oportunidades de gol para Motagua, mientras que las que tuvo Olimpia, Diego Vázquez pudo contenerlas bien.

En el segundo tiempo, el árbitro Óscar Bardales pitó un penal a favor de Motagua, Bardales no dudó y expulsó a Silvio Traverso, portero de Olimpia, Chelato Uclés, quien era técnico de los Leones, metió a Donaldo González para que tapara el penal, y así fue, el panameñoadivinó el disparo de Amado Guevara; el partido continuó 0 a 0.

“Recuerdo muy bien cómo fue la jugada, fue un pase largo hacia Francisco Ramírez, el guardameta cometió la falta y el árbitro lo expulsó, yo fui en busca del balón porque era el primer penalero del equipo, en ese momento Amado me pide el balón, ya que él era el segundo penalero, al final se lo concedí, le tenía confianza, fui muy gentil y le entregué la pelota”.

“Luego de perder el penal me quedo el contrarremate y casi hago el gol, pero la pelota pegó por la parte lateral. Después nos reunimos y nos pusimos de acuerdo que debíamos ser más fuertes, porque se iba a venir una avalancha de jugadores de Olimpia; sabíamos que debíamos estar fuertes en el fondo y en la marca”, contó Clavasquín.

El partido finalizó 0 a 0 en el tiempo reglamentario. El campeón del Clausura 98 se tenía que definir en el tiempo extra. Motagua había errado un penal y con un hombre más el golpe anímico era fundamental para llegar a los tiempos extras, donde un gol de oro definía todo.

“Conforme pasaron los minutos fuimos asimilando, nos fuimos acoplando y superando esa parte importante del juego, hasta que llegamos al tiempo suplementario, sabíamos que veníamos de errar un penal y que esto se terminaba si se hacía un gol”.

Motagua tuvo una falta a favor, Clavasquín tomó el balón, Amado quería cobrarlo él, pero esta vez no se iba a dejar quitar la número cinco, el arquero albo colocó cinco hombres en la barrera, la lluvia comenzó a descender de los cielos del Nacional, aproximadamente 35 metros de distancia, un bombazo salió de la pierna derecha de Reinaldo, el balón se coló entre la barrera encontrando un hueco entre el palo y el portero, Clavasquín corrió hacia su banca, Oscar Bardales pitó el final; Motagua se coronaba campeón del fútbol hondureño.

“Los destinos son perfectos, antes de ser jugador de Motagua fui jugador de Platense. Yo hasta en el equipo de la escuela soñaba con algún día hacer un gol en una final de Liga Nacional, sólo que no sabía con qué equipo, pero era mi sueño”, contó el Profe.

El ahora técnico, relata cómo vivió aquel momento, y cómo se generó la jugada del gol del título de Motagua y el gol más importante de su carrera como futbolista.

“Ese era un partido clásico, se jugaba dignidad, orgullo, prestigio. Cuando tomé el balón medí mi distancia, sabía que tenía que pegarle al medio al balón para que no tomará altura, porque ya empezaba la lluvia y la noche se comenzaba a poner fría, el agua comenzaba a caer consideradamente y eso obligaba a poner más rápido el terreno de juego. Tomé una buena distancia, acomodé bien el pie, el balón llevaba buena altura y descendió en el momento justo que tenía que descender; así se escribió la historia”.

Aquel partido es recordado como la final del “Huracán Clavasmitch”, ya que unas horas después, uno de los huracanes más devastadores en la historia de Honduras, dejaría una huella imborrable en la memoria y en los corazones de todo hondureño.

El huracán Mitch tocó solo hondureño un 26 de octubre de 1998, dejando al menos 7,000 muertos y casi un 70% del país devastado en su paso. Durante ocho días consecutivos, Honduras sufrió una de las catástrofes más lamentables de la historia “Esa es la parte trágica. En aquel momento nadie esperaba todo eso porque no teníamos todas las prevenciones que hay hoy, el huracán nos atrasó 30 años, aún hay gente que no se recupera de todo lo que perdió”, lamentó Clavasquín.

El héroe de aquella final recuerda no haber celebrado ese título como se debía, ya que el país se encontraba vulnerable ante el peligro que se avecinaba.

“Yo no salí a celebrar. Había una gran fiesta y celebración que opacaba la noticia del huracán; cuando llegué a mi casa me puse a ver las noticias y allí me enteré de que un huracán estaba entrando a Honduras y realmente nunca pensamos que iba a impactar como lo que sucedió”.

Motagua no puedo celebrar como debía, pero la emergencia en el país era más importante.

Clavasquín fue el héroe de aquel partido al que se le apodó “ClavasMitch”, ese día el fútbol y la desgracia se juntaron para crear sentimientos encontrados en los corazones de los hondureños.

Una fecha como esa seguramente jamás lo olvidaremos, porque seguimos siendo aquella Honduras vulnerable que encontró el Huracán Mitch, pero debemos haber recapacitado en qué hicimos mal y mejorar, para ayudar a conservar un mejor país.