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El desierto de Falfurrias, Texas, arde, desorienta, quema y asesina a hondureños. Conocido como la “segunda frontera”, es el camino al Gólgota de los migrantes. Kilómetros de arena, monte, árboles y espinas unidos en la caldera del diablo.

Un corredor de la muerte en el que sucumbe el sueño del indocumentado.  EL HERALDO recorrió en compañía de los agentes de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos este desolado infierno en la Tierra.

José García, oficial de operaciones especiales de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos (CSBP, por sus siglas en inglés), nunca se imaginó que colocar botones de pánico en medio del desierto salvaría la vida de tantas personas. “Existía la duda, si los migrantes los iban a utilizar”, dijo.

Meses después la iniciativa resultó ser una esperanza para los “mojados” que fueron abandonados por los coyotes. “No sería un arresto, en realidad los rescatamos de la muerte, nos abrazan llorando”, argumentó el oficial. Los botones rojos están ubicados en puntos estratégicos, en inmensas torres visibles desde varios kilómetros.

“Presiónelo”, dice el agente a  EL HERALDO , y 15 segundos después comenzaron a sonar los radios de los oficiales que ahí estaban, alertando la emergencia. En la torre no solo está el botón, en la parte de atrás hay un termo cargado con agua para aplacar el sufrimiento.

Falfurrias en realidad es un punto de inspección de la Patrulla Fronteriza ubicado a 100 kilómetros de la frontera con México, en un pueblito con el mismo nombre.

La llaman la “segunda frontera” porque es la única conexión terrestre entre McAllen, Texas y el resto de Estados Unidos, indispensable para los indocumentados. 

El punto de control está ubicado en la carretera 281, es una estructura de metal, con la presencia de un puñado de agentes que realizan una inspección minuciosa a los vehículos y preguntas a los conductores, acciones suficientes para ahuyentar a los “mojados” hondureños.

Para rodear este punto, los coyotes obligan a los indocumentados a enrolarse en un infierno por el desierto. Los “mojados” vienen de atravesar una pesadilla por México, recién cruzaron el río Bravo y ahora deberán enfrentarse al peor de todos los retos, donde cientos mueren.

 EL HERALDO ingresó al desierto de Falfurrias, Texas, a través de la propiedad privada Ranch Eage, ubicada en un retorno de tierra, a la orilla de la carretera principal.

Thomas Kymbriel, agente del Programa de Desaparecidos, explicó que no todos los dueños de los ranchos permiten la entrada de las autoridades, “son muy pocos”.

El aire acondicionado del vehículo no permitía medir la magnitud de la temperatura, pero apenas paró y se abrieron las puertas, la sensación solo se compara a estar ante la presencia del mismo demonio.

Falfurrias es arena, árboles, monte y espinas en kilómetros y kilómetros de espacio abierto que nublan la vista, secuestran el oxígeno, desorientan y matan gente. Un sol que abrasa y debilita la esperanza.

Apoyar el pie en el suelo es hundirse en los sueños de los que iniciaron la ruta y hoy solo son huesos en la arena.

Dos agentes inician el camino, en apenas unos metros los pies se sienten cargados de plomo, la ropa empieza a estorbar y las gotas de sudor bajan sin motivo alguno.

Un grupo de árboles inducen con su follaje a tomar un descanso bajo su sombra, en realidad es un llamado al peligro. “Abajo de los árboles entra muy poco aire por la humedad, las personas se deshidratan”, dijo el oficial.

El otro problemas son las arañas y las serpientes, que hacen sus nidos abajo de los arbustos, en el suelo o ramas caídas. “Los emigrantes se acuestan a dormir, están exhaustos, pero están invadiendo el espacio de estos animales, sus picaduras sin tratamientos son mortales”.

Sin olvidar las retamas, plantas sumamente tóxicas.

En algunos espacios es común encontrar latas de bebidas energizantes, prendas de vestir, es imposible no pensar ¿qué pasaría con estas personas? ¿Están trabajando en Estados Unidos? ¿O sus cráneos están enterrados por ahí, en esos 220 kilómetros cuadrados de arena caliente?

Es momento de volver al vehículo, Roderick Kise, director de la Patrulla Fronteriza, lamentó la situación de los migrantes y los engaños a los que los someten los coyotes por su ambición al dinero, “no vale la pena morir así”.

Las llantas del vehículo no dan más, atascados en la arena, Alvin Normandia, agente del Programa de Desaparecidos, retó a  EL HERALDO a seguir el paso que normalmente los coyotes obligan a los migrantes a llevar.

“Ellos conocen el camino, van rápido, no esperan a nadie, el que puede sigue, el que no es abandonado”, dijo.

El reto comenzó, pero es casi imposible seguirle el paso, la arena no permite un movimiento rápido, atrapa los pies y los carga, además los 45 grados de temperatura abrazan el ambiente para arrastrarlos al mismo infierno.

Kymbriel detiene la marcha, solicitó silencio y con su español limitado preguntó ¿escuchas la carretera? ¿Dónde está? Estamos cerca, ¿la puedes ubicar?

Imposible, a donde la vista alcanza solo hay campos y campos de arena con árboles y espinas. “Los coyotes traen bebidas energizantes, las venden, eso deshidrata más rápido a las personas y en recorridos de cuatro días son mortales, al final los migrantes quedan solos”, dijo.

Un agente de la Patrulla Fronteriza muestra uno de los botones de pánicos para salvar la vida de los migrantes.

Salvar vidas es parte de la misión de la Patrulla Fronteriza, pero en una inmensidad como el desierto, por cada persona que rescatan hay al menos 10 más muriendo. En los caminos en el desierto de Falfurrias, hay cientos de metros de alambres de púas por cada propiedad.

En algunos se puede observar rótulos de color blanco, la imagen de una llamada de salida, una cruz verde en el centro con el número 911 en color negro y un llamado para los migrantes: “Auxilio, ubicación FLF 0032”.

El agente del Programa de Desaparecidos de la Patrulla Fronteriza explicó que su intención es salvar vidas. “Si un migrante está perdido, llega a este punto, llama y da esta ubicación, será rescatado por nosotros”, dijo.

Argumentó que la mayoría de indocumentados llevan un celular, “los coyotes les quitan los chips, pero les dejan el celular, el mecanismo que usamos permite que aún sin chip la llamada se pueda realizar”, argumentó.

El recorrido continuó hasta llegar a una enorme  cisterna. Ya han pasado más de tres horas en el desierto y el alma comienza a desprenderse del cuerpo en busca  de agua.

El lugar es otro punto estratégico para la Patrulla Fronteriza, hay rótulos para pedir auxilio, “van por ahí, no hay nada más que desierto, a punto de morir pero llegan aquí, hacen la llamada y describen el lugar, están salvados”. Muy cerca de la cisterna hay un pila redonda llena de agua con una llave que no para de emanar líquido.

Hay vacas cercas, “el agua está contaminada, el migrante la toma y se infecta de disentería, incluso la que sale por esa llave está infectada, si toman van a morir”, dijo.

El camino llegó a su final, es momento de volver a la carretera para conocer el lugar donde son llevados los migrantes aprehendidos o rescatados. Los “mojados” les llaman “perreras”, pero en realidad son centros de detención de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos. El acceso al edificio es sumamente restringido, están estrictamente prohibidas las cámaras y los celulares.

 EL HERALDO ingresó al Centro de Detención de Falfurrias, el lugar es muy silencioso y hay varios pasillos. Al final de uno de ellos hay algunas gradas y una cabina en la que están vigilando cuatro oficiales armados. Frente a ellos hay un espejo con visión de 180 grados.

Del otro lado, seis habitaciones, una pegada a la otra. En cada una hay migrantes, muchos son hondureños. Están amontonados, algunos en el suelo, otros parados, pegados a la pared, su cara decepcionada perturba el pensamiento, llegaron tan lejos y van a ser retornados.

En el lugar hay frío, por eso varios están tapados con unas colchas térmicas de color plateado. Por cada cuarto hay un baño para todos, pero sin ninguna privacidad. Se pudo observar además unos recipientes con agua.

“La capacidad es para 200 personas, ahorita hay 346 y 90 de ellos son hondureños”, resaltó el oficial de turno. La estadía en el lugar fue corta y limitada, no se permitió el contacto con los migrantes, que solo saludaban a través del vidrio, haciendo señas de que tenían hambre.

El recorrido continuó con una visita al poderoso río Bravo entre Hidalgo, Estados Unidos y Reynosa, México. “Están entrando un promedio de mil personas al día, por aquí la mayoría son de Honduras, estamos en crisis, las cifras nunca se habían visto”, dijo a  EL HERALDO Carlos Ruiz, vocero de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos.

La zona es bastante boscosa, muchos árboles, plantas y monte en un suelo arenoso. En la orilla del río Bravo se puede observar a mexicanos del otro lado, están nadando esperando por migrantes que les paguen por cruzarlos.

Durante el camino se encontró a varios grupos de migrantes que acababan de cruzar a Estados Unidos. Se les ve desorientados, cansados, “¿quiénes son de Honduras?”, se les preguntó.

Todos levantaron la mano, una mujer embarazada aprovechó para pedir agua y al observar a los agentes de la Patrulla Fronteriza pidieron ser capturados. El agente le indicó que a unos cuantos minutos de ahí, debajo de un puente estaban recibiendo a los indocumentados.

El grupo se alegró, saben que una vez capturados -los que van con menores- podrán entrar a Estados Unidos a comenzar una nueva vida.

Un grupo de indocumentados acababa de ingresar a Estados Unidos durante nuestro recorrido. Se entregaron de inmediato.

Mientras realizaba un recorrido en la orilla del río Bravo,  EL HERALDO encontró a Carlos Ruiz, vocero de la Patrulla Fronteriza. A continuación sus declaraciones:

¿Cómo podría definir el flujo de tanto migrante?

Es una crisis humanitaria y de seguridad nacional.

¿Había visto algo similar?

No, en 2014 y 2016 hubo un leve aumento por el caso de los menores no acompañados, pero estos números de los últimos meses superan todo.

¿En qué condiciones llegan las personas?

No llegan muy bien, es un viaje arduo y fuerte, cansados, la mayoría deshidratados y tratamos de darles un trato humano mientras sea posible, el recorrido que hicieron es muy agotador. 

¿La mayoría se entregan?

Sí, ellos nos buscan para ser detenidos, eso sí, el número de personas que tratan de evadir el arresto continúa siendo el mismo, lo que pasa que los que se entregan son mucho más.

¿Lo común es padre e hijo?

Se ve de todo, padre e hijo, madre e hija, niños no acompañados, lo cual es un peligro porque pueden ser abusados física y sexualmente y es una de nuestras mayores preocupaciones.

¿Hay un incremento de hondureños?

No podría decir el número exacto, pero la mayoría son de Honduras y Guatemala, sin duda que estos últimos meses la cantidad de personas subió de manera alarmante.

En el desierto de Falfurrias, el cuerpo recibe hasta 45°C, un calor que quema, arde y desorienta.

Adultos se hacen pasar como menores de edad

Con actas de nacimiento falsas creadas en la base de datos del Registro Nacional de las Personas (RNP), llegan algunos hondureños a Estados Unidos haciéndose pasar por menores de edad.

 EL HERALDO conoció en exclusiva algunos casos de connacionales que pasaron tiempo en la cárcel por pretender burlar a las autoridades gringas.

Falsificar los documentos les sale caro.

Bajo la protección de la Reserva Biológica de Uyuca descansan los pobladores del municipio de Tatumbla. Son 0825, ese es el código que portan en los cuatro primeros números de su partida de nacimiento o tarjeta de identidad. El 08 indica que pertenecen al Departamento de Francisco Morazán y el 25 que nacieron en el municipio de Tatumbla.

Pero ese código ha sido prostituido a vista y paciencia de las autoridades municipales, que no le prestan atención a la irregularidad.

Y es que de cada 10 hondureños adultos que llegaron a Estados Unidos con partidas de nacimiento falsas para hacerse pasar por menores de edad, siete tienen el código 0825, es decir, que en la oficina del RNP de Tatumbla están creando estos documentos totalmente falsos.

Ana Bulnes, cónsul de Honduras en McAllen, Texas, explicó a  EL HERALDO que las partidas de nacimiento no son alteradas, “son creadas, no es que falsificaron el documento, es que crearon uno nuevo desde la base de datos, con actas, folios, todo”.

Lo que no consideraron los impostores es que al momento de entrar a Estados Unidos, les iban a tomar sus huellas digitales, y como ya son adultos, iban a salir con su verdadera identidad.

“Es una obligación del consulado verificar la identidad de las personas que entraron y pasaron por un proceso en Estados Unidos y es ahí donde se encuentran este tipo de situaciones”, explicó la funcionaria.

Detalló que en realidad las personas tienen dos identidades porque al buscar el número de identidad con el que pretenden hacerse pasar por menores, aparece en la base de datos del RNP.

Las personas que realizaron este proceso de obtener partidas de nacimiento falsas provienen de varios departamentos de Honduras.

“Se arriesgan demasiado, si les hacen creer que no van a ser descubiertos por robarles el dinero, les mienten porque sus registros reales, si son adultos, aparecen al momento de tomarles las huellas digitales”, explicó.

Los hondureños que son atrapados son acusados por el delito de falsificación de documentos e inician un proceso legal en Estados Unidos “y son deportados”.

Rolando Kattán, titular de la Junta Interventora del Registro Nacional de las Personas (RNP), explicó que casos como estos “reafirman la necesidad de la implementación de mejores controles informáticos, es por ello que estamos trabajando en cambiar el sistema, si lo que tuviéramos estuviera bien, no fuese necesario hacerlo, estamos cambiando la estructura, requerimos medir biométricamente a todos los hondureños y poner un sistema que tenga controles de seguridad desde su origen”

Al entrar a Estados Unidos, la Patrulla Fronteriza solicita los documentos a los migrantes. Algunos llegan con archivos irregulares.

Traficantes usan a niños hondureños para ingresar a Estados Unidos

En un programa de estudio de la Oficina de Reasentamiento de Refugiados (ORR) está el menor de edad hondureño Wilmer Faustino Balderramos Ávalos (8), quien fue víctima de tráfico de personas por un hombre que se lo llevó desde Honduras como escudo para ingresar a Estados Unidos.

 EL HERALDO conoció que este caso no es el único y que más adultos hondureños falsifican actas de nacimiento de menores de edad para hacerlos pasar como si fueran sus hijos, utilizarlos en la frontera y pretender entrar a Estados Unidos.

El pequeño Wilmer entró a Estados Unidos en shock, llevaba semanas enteras recorriendo México en compañía de un hombre extraño. Estaba desorientado, intimidado, no quería hablar con nadie, comía poco, estaba triste y bastante confundido.

Ambos se habían entregado a la Patrulla Fronteriza, al momento de ser interrogados, el traficante presentó una acta de nacimiento del niño, toda la información era real, excepto porque alteró el nombre del papá y puso el de él. 

Su mentira no duró demasiado y fue separado del menor, el traficante al ver que pasaban los días y no era liberado, y tampoco tenía noticias de su “hijo”, decidió confesar la verdad y admitir que los verdaderos padres le habían entregado al niño para que tuviera mejor vida en Estados Unidos.

El proceso de encontrar a los verdaderos padres del menor no tardó mucho, los encontraron en el municipio de Santa Rita, Copán, pero las autoridades gringas determinaron que por ahora el menor no debería regresar a Honduras. Al adulto, por su parte, le salió caro traficar con menores.

Ana Bulnes, cónsul de Honduras en McAllen, explicó que el sujeto fue procesado por el delito de tráfico de personas, “actualmente tiene una condena de 90 días que puede alargarse, luego deberá pasar al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en ingles), donde para poder terminar de realizar su proceso deberá tener una entrevista con el consulado para confirmar sus datos y recibir un salvoconducto para deportarlo a Honduras”.

Pero, los abusos contra los niños hondureños continúan, esta vez la traficante es una mujer, que está en proceso de investigación por entrar a Estados Unidos con la menor Greysi Daniela Polanco Duarte (7). La niña es originaria de Copán Ruinas y sus datos en el acta de nacimiento fueron alterados considerablemente para utilizarla de escudo.

Información a la que accedió  EL HERALDO revela que en primera instancia la menor es de Santa Rita, Copán. Los falsificadores le cambiaron también su edad, pues la quisieron hacer pasar como que tenía apenas cuatro años.

El número de acta de nacimiento y tomo también fueron alterados y utilizaron un sello del Registro Nacional de las Personas (RNP) más grande que el verdadero. Tampoco aparece el registro IP para conocer donde fue impresa el acta de nacimiento. Todas estas inconsistencias fueron evidenciadas de inmediato para separar a la niña de la mujer.

Actualmente, la menor está bajo custodia de los Estados Unidos y la traficante comenzó su proceso legal por tráfico de personas que la mantendrá presa por bastante tiempo.

El flujo de migrantes hondureños más grande de Estados Unidos está en McAllen, Texas. Ana Bulnes atendió a  EL HERALDO . A continuación sus valoraciones.

¿Incrementó el flujo migratorio?

Aumentó considerablemente, en algunos sectores hasta el 400 por ciento.

¿En particular hondureños, de cuánto es el aumento?

En este momento las cifras han aumentado, generalmente a la semana están ingresando entre 3,000 a 4,000 hondureños.

¿Cuál es el proceso que reciben los hondureños?

Todas las personas que son detenidas y procesadas en el Centro de Detención por la Patrulla Fronteriza en McAllen y todo el Valle de Río Grande salen si la autoridad lo decide con una orden de cita con un juez de migración, que es al final quien decide sobre su estatus migratorio en Estados Unidos.

¿Cuando salen del centro de detención son llevados a un albergue?

El gobierno de Estados Unidos ha coordinado con la ciudad de McAllen y estos a su vez con Caridades Católicas la asistencia para los migrantes, les colaboran con la compra de los pasajes para las personas que migración decidió liberar bajo palabra para ver un juez.

¿La política migratoria de retornar los migrantes hondureños a México aquí no se aplica?

No es de mi conocimiento que se esté aplicando.

¿Hay personas que están falsificando papeles de menores para hacerlos pasar por sus hijos?

Tenemos el caso de la persona que declaró que trajo un menor de edad y que le habían hecho el trámite de entregarle una acta de nacimiento alterada para hacerse pasar por su padre, el menor está bajo protección de Estados Unidos y el señor que traía al menor fue a corte y fue sentenciado por el delito de contrabando de personas.

¿Hay una oleada de hombres con sus hijos?

En Honduras vivimos en una sociedad matriarcal donde la mamá cuida y sí se está viendo un incremento de ingresos de padres con niños pequeños y comenzó el año pasado.

El terrible viaje por México ocasiona que los menores hondureños lleguen agotados a Estados Unidos.

Abajo del puente Anzalduas, en la frontera entre Reynosa, México, y McAllen, Texas, Estados Unidos,  EL HERALDO conversó con Roderick Kise, titular de Aduanas y Protección de Fronteras. A continuación sus valoraciones.

¿Cuál es el proceso que están haciendo los migrantes en este lugar?

Estas personas, que la mayoría son de Honduras, Guatemala y El Salvador, se están entregando voluntariamente a los oficiales de la Patrulla Fronteriza.

¿Qué papeles les piden?

Muchos de ellos vienen con sus documentos listos y el oficial recoge los datos, familias, de qué país vienen, actas de nacimiento o pasaporte.

¿Es grande el flujo de emigrantes por este punto?

Sí, todo el día entran grupos, las 24 horas sin parar, solo por este sector ingresan alrededor de 1,000 personas cada día.

¿Adónde los llevan?

Cuando salen de aquí, los transportan a los Centros de Detención en McAllen.

¿Y los menores no acompañados?

Ellos son llevados a otro lugar para conocer su caso. 

La Patrulla Fronteriza también realiza constantes recorridos en busca de indocumentados.

Créditos

Marcel Osorto

Periodista

Johny Magallanes

Reportero gráfico