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Entre el sofocante calor y la soledad se observó a lo lejos a un joven que cargaba en su brazo derecho a un bebé. Del brazo izquierdo llevaba agarrado a otro niño de unos cinco años, quien era sostenido también por su mamá.

Con rapidez en sus pasos la familia se acercó, su mirada iba fija en los inmensos edificios de El Paso, Texas. ¿Ustedes son hondureños?, consultó el equipo de  EL HERALDO  que se sumergió a los sitios más peligrosos de la frontera entre México y Estados Unidos.

La mujer bajó la mirada, los niños ni se inmutaron, el hombre con un leve movimiento lo confirmó, “sí”. Sin perder ni un minuto, los hondureños comenzaron a descender hacia el caudal del moribundo río Bravo.

El primero en poner un pie en el charco fue el hombre, la mujer lo seguía como un ciego guiando a otro.

¿Qué nos podría decir de su viaje desde Honduras?, se le preguntó al muchacho. Al principio no respondió, agachó la cabeza, su semblante se notó desencajado, casi a punto de llorar. Luego, tomó aire, sonrió y dijo: “Mejor me río, por no llorar”.

En minutos la familia ya estaba en tierras “gringas”, el muchacho subió al niño a una plancha de cemento. Después subió él para que su esposa pasara al otro niño. Juntos comenzaron a subir la pendiente para ir a pegar de frente con el muro y buscar a las patrullas.

La familia hondureña levantó los brazos en señal de rendición, los agentes los registraron minuciosamente y los subieron al carro para trasladarlos a otro lado. Todas estas personas capturadas en la frontera pasaron a un centro de detención por al menos 48 horas.

Piensan que lograron tocar los corazones más duros. Lo que no entienden es que haber incumplido el proceso de registro de citas por número les va a pasar factura. El castigo será entregarles citas para un año.

La espera no la van hacer en un centro de detención y tampoco en casa de sus familias en Estados Unidos. No, a ellos los van a regresar a las calles de Ciudad Juárez para que esperen ahí por unos 12 meses.

En ese lapso de tiempo la mayoría va a rogar porque los regresen a Honduras, pero por el hecho de haber empezado un proceso de asilo nadie los va a retornar.

La política migratoria cambió en algunas ciudades fronterizas, ya no es como antes que el hondureño entraba, exponía su caso, le daban una cita con un juez y era liberado por las autoridades en Estados Unidos. Eso pasó a la historia, ahora son regresados a México, con una cita en la mano pero con la condición de que si quieren ver al juez, deberán esperar del lado azteca     

Las familias hondureñas avanzan a paso rápido por los charcos del río Bravo para llegar a Estados Unidos.

En tierra de nadie deambulan migrantes

A lo lejos, bajo una tormenta de arena, se dibuja la silueta de una mujer. Carga en su brazo derecho un bebé y en el izquierdo a otro niño. Atrás de ella va un tercer menor de edad que apenas se puede distinguir.

Avanzan en la frontera entre Juárez (México) y El Paso (Texas, Estados Unidos). Buscan tocar el corazón de algún agente de la Patrulla Fronteriza. Ruegan ser capturados, pero no han tenido fortuna.

Su camino va a ser largo y pueda que nadie se apiade. Escenas así resultan normales en esta zona entre México y Estados Unidos, y los niños lo sufren.  EL HERALDO , en compañía de agentes de la Policía Estatal de Juárez, recorrió gran parte de la frontera entre ambas naciones.

Antes de iniciar el recorrido, en uno de los bulevares más transitados de la ciudad, una camioneta se paró. La puerta de atrás se abrió y dos jóvenes comenzaron a correr en veloz carrera, como si alguien los siguiera.

Subieron una lomita que estaba a la orilla de la calle y avanzaron sin parar con sentido al muro fronterizo. ¿Por qué los bajan aquí?, consultó  EL HERALDO  a los policías que acompañaban la travesía.

El oficial respondió que la mayoría de migrantes son engañados y abandonados por coyotes aprovechados. “Les dicen, cuando pare el carro corran, van a entrar a Estados Unidos por un punto ciego”, explicó el oficial.

Algunas personas traen los ojos tapados, por eso corren sin saber que irán a dar directamente al muro. “Ahí se acabó todo, no van a pasar”, aseguró el agente.

En un recorrido por la frontera entre Ciudad Juárez y El Paso, EL HERALDO, acompañado por la Patrulla Fronteriza, fue testigo de la dolorosa realidad

Las camionetas de los estatales ya están ubicadas en la frontera entre ambos países para iniciar el recorrido. Primero es impactante ver seco el poderoso río Bravo. No hay ni una gota de agua por kilómetros, solo monte y arbustos en las orillas del que un día fue su caudal. Al lado izquierdo está Ciudad Juárez, en medio el río y al lado derecho se ven los edificios de El Paso, Texas.

En medio de todo se aprecia un inmenso muro fronterizo. Son kilómetros tras kilómetros de columnas de hierro. Las unidades avanzan por un ambiente muy desolado. El viento es un enemigo mortal, levanta grandes cantidades de arena que difícilmente dejan ver el camino.

No hay otra opción que taparse la cara con las manos. Las patrullas se detienen, los agentes han visualizado en medio de una grieta a un hombre tirado sin camisa. Tiene un lazo amarillo en el pie y está sin sus zapatos.

¿Mexicano?, preguntó el policía. El tipo no contestó nada, solo abrió un poco los ojos y volvió a recostarse. ¿Qué hace aquí?, exclamó  EL HERALDO , pero el hombre simplemente no respondió, estaba en otro mundo. “Muchos indigentes vienen aquí, buscan cosas que dejan los migrantes”, dijo el policía, antes de continuar.

En ese punto se visualizó a la mujer con sus tres hijos. Se ven cansados, vienen de recorrer un buen tramo. Kilómetros atrás asomó la Patrulla Fronteriza, todos pensaron que el dolor de la mujer terminaría, pero no. La unidad pasó a la par, no se detuvo para capturarlos.

El recorrido sigue y hay un carro en medio de la nada. ¿Coyotes?, no. Era solo una pareja en busca de privacidad. Estaban atascados, ponían piedras para sacar el carro. Los oficiales bajaron, pero no les prestaron atención.

Un par de kilómetros más adelante y ya con la cara y el pelo café, por la arena en el aire, se mira a un hombre. Está amarrando un lazo a un árbol, las unidades paran, pero el muchacho está del lado estadounidense.

Los estatales no pueden pasar y tratan de acercarse. El joven al verlos descender se desespera y sale en veloz carrera para el muro, ahí se metió en un hoyo. El camino sigue, se ven más migrantes deambulando, así como a otros periodistas y fotógrafos buscando historias.

Ya se ha pasado por debajo de cuatro puentes internacionales, la tormenta pasó y es momento de regresar a la calle. Pesa no saber que pasó con la mujer y los tres niños que caminaban pegados al muro en medio de la nada

En medio de una tormenta de arena, junto al muro fronterizo,  apareció una mujer y sus tres hijos caminando sin rumbo.

“Me querían matar si no me metía a la mara”

Ciudad Juárez, la cuna del narco que acoge a migrantes

El legado de Ciudad Juárez es de sangre. Uno de sus personajes más míticos es Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”, famoso narcotraficante que fortaleció al Cartel de Ciudad Juárez. Llegó a ser uno de los hombres más ricos del mundo y murió en una clínica privada de Ciudad de México cuando lo operaban para cambiarle el rostro. Sus crímenes son conocidos en Honduras porque forma parte de las narconovelas que se transmiten en televisión.

“El Chapo” Guzmán es otro personaje que palpita en la mente de los ciudadanos de Juárez, pues con las constantes guerras entre carteles sembró mucho terror. El capo de la droga actualmente está preso en Estados Unidos, fue enviado en extradición tras ser recapturado luego de su fuga de una cárcel de máxima seguridad mexicana.

Las historias se cuentan rápido, pero en los mandatos de estos tipos corrió la sangre de miles de personas. Ciudad Juárez está ubicada al norte de México, en el estado de Chihuahua, a orillas del río Bravo. Al otro lado se encuentra El Paso, Texas, Estados Unidos.

Es un territorio plano, y su mayor producción es el algodón, cultivable solo en el “Valle de Juárez”. Actualmente tiene una población de más de 1.4 millones de habitantes que se dedican a la manufactura.

En el ámbito musical es reconocida por ser la ciudad que impulsó la carrera del mítico Juan Gabriel, “el divo de Juárez”, pese a que no fue su lugar de nacimiento. Uno de los lugares más visitados en la ciudad es la casa de “Juanga”, lugar donde pasó muchos años de su vida.

Juárez también es reconocida por el apoyo que brindó a la época dorada de la lucha libre, promoviendo actualmente peleas en algunos de sus famosos gimnasios.  EL HERALDO  recorrió las principales calles y avenidas de la ciudad.

Actualmente descansa del luto, pues hace apenas un par de años era la ciudad más violenta del mundo. Sus peores crisis estuvieron presentes entre 2007 y 2009, cuando el índice de asesinatos aumentó en 800 por ciento según la Agencia Estatal de Investigaciones.

En 2011, con 191 homicidios por cada 100 mil habitantes, Juárez se llevó por segundo año el título de ciudad más violenta del mundo, seguida por San Pedro Sula con 119 asesinatos por 100 mil habitantes.

El repunte cercano más alto sucedió en agosto del 2018, cuando días antes de la llegada del entonces candidato a presidente Andrés Manuel López Obrador asesinaron a 26 personas en menos de 24 horas.

Los asesinatos en Ciudad Juárez obedecían a la guerra que tenían “El Chapo” Guzmán, jefe del Cartel de Sinaloa, y los integrantes del peligroso Cartel de Juárez. Los índices bajaron, pero el problema de las drogas no.

Durante el recorrido por la ciudad, uno de los oficiales de la Policía Estatal confió a  EL HERALDO  que recientemente fueron víctimas de capos de la droga. Relató que hace apenas un par de meses su jefatura principal fue atacada por sicarios, que detonaron todo su armamento contra las paredes de la institución e incluso les lanzaron granadas, algunos elementos salieron heridos. Él agradece a Dios por su vida.

La migración irregular es otro factor negativo en Ciudad Juárez. Los extranjeros están llegando en masa.

Actualmente se observan muchos migrantes en la ciudad, los grupos criminales están aprovechándose de la situación. Hay un repunte en los secuestros. Más “coyotes” buscan sacar provecho del auge migratorio. En Juárez la tranquilidad se conserva en la medida que los carteles se reparten el territorio ansiado para traficar, si no hay tregua, no hay paz.

La ciudad está conectada a El Paso por una línea de puentes fronterizos, pero los asesinatos solo ocurren del lado mexicano.

“Me querían robar los niños, es la peor sensación del mundo”

Un día le bastó a la hondureña Keydi Celeste Guardado (20) para conocer el lado más oscuro de Juárez. Con sus pequeños hijos, Santiago Guardado (4) y Mateo Guardado (1), la mujer arribó a la ciudad cuatro meses después de haber salido de su natal Comayagua.

Llegó agotada, desanimada, pero con la determinación de cruzar el Puente Internacional del Centro para que los agentes de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos la arrestaran y trasladaran a un centro de detención.

Con sus hijos en brazos se paró frente a ellos, pero no pasa nada, los tipos le explicaron que ahí no iba lograr un arresto, que regresara a Juárez y buscara un número para obtener una cita con la que podría pedir asilo.

Decepcionada, tomó a Santiago de la mano y cargó a Mateo de regreso por el puente fronterizo, a esas alturas ya no estaba sola, pues había sido seguida por dos peligrosos delincuentes, que esperaban su momento. La hondureña no se percató de sus verdugos sino hasta cuando sintió que soltaban a Santiago de su mano.

Los delincuentes ya la habían rodeado en plena calle, a la luz del día y con armas le pedían que se callara. Le exigieron que les entregara absolutamente todo. Angustiada, la mujer les rogó que no le hicieran nada a los niños, mientras se quitaba la mochila y entregaba una cartera donde andaba el dinero y los documentos.

Los malvivientes agarraron las cosas y trataron de quitarle al otro menor, “me querían robar los niños, es la peor sensación en el mundo, no se los iba a dar jamás”.

En el lugar dos mujeres observaban todo, sintieron piedad y empezaron a llamarla con otro nombre. Los tipos se pusieron nerviosos, le regresaron a su hijo y la amenazaron con regresar por ellos, ahí ella entendió que en Ciudad Juárez no podía andar confiada

Mientras recibían indicaciones del “Grupo Beta”, encargados de los rescates de migrantes en situación de peligro,  EL HERALDO  también alcanzó a conversar con la familia Guardado Rodríguez, originarios de Choloma. La hondureña Keydi Guardado explicó que salieron hace tres meses.

Relató que la ruta “ha sido una situación muy dura”. Guardado explicó que el momento más peligroso lo vivieron ya estando en Ciudad Juárez “aquí nos quisieron secuestrar, gracias a Dios que nos avisaron”,

Recordó que se estaban quedando en una casa, “entonces el señor de una pulpería con el que habíamos platicado escuchó a unos hombres que decían que ahí habían dos hondureños y una niña en una casa y nos avisó, estuvimos encerrados, teníamos miedo”.

Argumentó que el lugar es muy peligroso “cuando supimos que nos buscaban para secuestrarnos, nos fuimos a otro lado, fueron momentos muy tensos”. Explicó que decidieron salir de Honduras “porque vimos un asesinato, nos amenazaron, yo no trabajaba, mi esposo sí, no estábamos mal pero era un riesgo”.

Confió que “cuando vimos el asesinato andábamos en una disco, pero la zona es tan pequeña que todo se sabe, supimos que ellos estaban averiguando”. La hondureña comentó que en el camino “nos tocó aguantar hambre porque los buses no paran, a la bebé le hacía sus pepes en el bus, salimos de Honduras con un ahorro de 20,000 lempiras, pero como le digo, no comíamos tres tiempos, uno lo más y medio comido”.

Dijo que en Estados Unidos no tienen familiares, “un amigo es que nos podría recibir”. Confió que debido al peligro que corren, si le tocará volver hacer este viaje, “aunque se sufre lo haría, por la vida de mi hija. Tengo que salvar la vida de ella”.

Aconsejó a los hondureños que desean realizar la ruta “que si está en verdad en riesgo su vida lo hagan, pero si no, que luchen en Honduras, son recorridos hasta de dos meses y es duro”.

Las niñas y niños hondureños hacen el recorrido bajo el riesgo de ser secuestrados por bandas criminales

Créditos

Marcel Osorto

Periodista

Johny Magallanes

Reportero gráfico