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A las calles de Tijuana envían a hondureños

A Tijuana, México, han llegado cuatro caravanas de migrantes hondureños.

A todas se les brindó apoyo, pero no todas corrieron con la misma suerte a la hora de entrar a Estados Unidos.

 EL HERALDO visitó la frontera entre Tijuana, México, con San Diego, California, para conocer la situación de los miles de migrantes hondureños.

La política migratoria en Tijuana -al igual que en Ciudad Juárez- cambió, ahora todos los migrantes centroamericanos que se entregan a la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos para pedir asilo son devueltos a México, con un número para esperar una cita con un juez estadounidense.

Pero sucede algo peor, pues no los regresan directamente a Tijuana, sino que han decidido retornarlos a la ciudad de Mexicali, que está ubicada a 230 kilómetros de distancia.

Esta determinación ha calado fuerte en los hondureños, pues no solamente los dejan en una ciudad lejana, sino que ellos deben buscar la forma de volver a Tijuana.

La mecánica de las entregas es la misma, el hondureño que llega se presenta ante las autoridades locales, toma un número que le permite poder entrar a Estados Unidos y exponer su caso ante las autoridades, los retienen por un período máximo de 72 horas en Estados Unidos y después los regresan con otro número, esta vez para poder ver a un juez de migración.

El tiempo juega un papel fundamental pues las citas son largas -hasta de siete meses-, desesperan a los hondureños, los desmoralizan y los obligan a esperar en la calle o en algunos albergues que aún están funcionando.

El ímpetu por cruzar a Estados Unidos ya estalló en más de alguna ocasión, como el pasado mes de noviembre, cuando los migrantes hondureños invadieron la garita El Chaparral, entre Tijuana y San Diego, y pretendieron cruzar a la fuerza.

El saldo fue de cientos de personas afectadas por gas lacrimógeno y otras detenidas por las autoridades. Ninguno de los migrantes logró su objetivo de cruzar.

Un migrante menor de edad escala una pequeña colina para ahuyentar a unas palomas.

Las autoridades locales explicaron a  EL HERALDO que la decisión de regresarlos por la ciudad de Mexicali corresponde exclusivamente al Gobierno de Estados Unidos. Es una medida de presión contra el migrante.

El argumento es que ante la oleada migratoria no cuentan con la capacidad suficiente para atender a las personas y para prevalecer el orden los retornan a México.

“Empezaron a hacerlo hace poco, no hay una explicación clara, pero sí afecta de gran manera a los migrantes, ellos ya están familiarizados con Tijuana y retornan a Mexicali, sin dinero y con una cita larga, es complicado”, explicó Guillermo Navarrate, titular de Atención Integral al Migrante en Tijuana.

El funcionario explicó que Tijuana tiene oportunidades de trabajo listas para los migrantes, algunos se interesan y otros por su parte no le prestan mayor atención.

La ciudad fue una de las primeras en presentar una oferta laboral atractiva para los hondureños, con permisos de trabajo y ferias para impulsar la economía con mano de obra extranjera.

“Hay alrededor de 12,000 plazas de trabajo en la ciudad listas para ser ocupadas, lo que sucede es que la mayoría de personas está enfocada en cruzar a Estados Unidos y prefieren esperar en un albergue”, comentó.

Otro factor importante es que la mayoría de albergues en Tijuana ya sobrepasó su capacidad máxima. Muchos se están quedando sin dinero pues las ayudas comenzaron a escasear y las familias centroamericanas continúan llegando.

A diferencia de otras ciudades, en Tijuana las citas por número avanzan un poco más rápido, aunque prevalece la política migratoria de no permitir que esperen su cita en Estados Unidos.

Los migrantes hondureños son retornados desde Estados Unidos a Tijuana, donde permanecen en las calles.

En crisis están los albergues

En pequeñas tiendas de campaña amontonadas en un solo salón, que fue creado entre láminas de zinc, pasan los días decenas de migrantes hondureños en el albergue Generación 2000 de Tijuana, México.

Las condiciones no son las mejores, pero no tienen otra opción, es ahí o en la calle.

 EL HERALDO visitó algunos centros de apoyo a los migrantes para ver la situación de los hondureños. Los niños la pasan mal.

Lo que antes eran albergues para pasar un par de días, se convirtieron en hogares permanente para los hondureños. El cambio en la política migratoria de Estados Unidos de retornar a los migrantes a Tijuana para esperar su proceso de citas con un juez, colapsó muchos de los albergues.

Las personas ya no solo ocupan estar una semana, ahora pasan hasta tres meses, dejando sin opción a las nuevas familias que cada día llegan a la ciudad a buscar posada.

“Y eso que algunos les toca esperar un año, son situaciones con las que no se contaban”, explicó Isaac Olvera, director del Ejército de Paz y fundador de un albergue que se especializa en atención solo para mujeres y niños.

En Tijuana hay al menos 18 albergues que prestan ayuda a los migrantes, pero apenas seis de ellos reúnen las condiciones necesarias, los demás pasan muchas dificultades, se revuelven hombres, mujeres y niños, pero a los hondureños no les queda de otra que recibir la ayuda de donde sea.

Uno de los albergues más pobres es el Generación 2000, ahí la presencia de hondureños es masiva, no se quejan y no les importa dormir amontonados, sus palabras solo son de agradecimiento.

¿Dónde estaríamos ahora?, comentó José Guillén, que lleva en el albergue más de dos meses.

En el albergue Generación 2000 de Tijuana, la mayor parte de su población son hondureños que duermen amontonados en pequeñas tiendas.

El hondureño explicó que no quieren un hotel cinco estrellas, solo un lugar donde comer y pasar las noches.

Esa humildad es la que caracteriza a los hondureños, pero fue pisoteada por varios connacionales, como “Lady Frijoles”, que dejó mal parado a un país, ocasionando repudio por parte de los nativos de Ciudad Juárez.

Esa percepción ha sido difícil de borrar, pero poco a poco las personas van retomando el apoyo a los hondureños. En otros albergues como la Casa Scalibriana, el cupo es limitado, por ahora no hay más espacio.

En el lugar, los requisitos de hospedaje son claros, no pueden permanecer más de dos meses, solo se permiten hombres y tienen que tener un trabajo fijo.

Las autoridades del centro no les piden nada de dinero, lo que ganan en sus trabajos es para que lo ahorren mientras esperan su cita o se deciden cruzar de manera irregular a Estados Unidos.

Hay otros lugares en los que no hay opciones para quedarse, pero sí un desayuno caliente todas las mañanas. Por eso en Tijuana es común ver a decenas de migrantes haciendo fila por un plato de comida, lo disfrutan o lo guardan, luego se pierden en la inmensa ciudad.

Pese a la adversidad, algunos voluntarios se encargan de alegrar a los niños.

Créditos

Marcel Osorto

Periodista

Johny Magallanes

Reportero gráfico